La salud pública no debe ser rehén del ajedrez político

¿Por qué el IMSS no lo dirige un médico?
Por: Dr. Juan Raúl Gil Frías
Tijuana, 28 de octubre de 2026.- El Instituto Mexicano del Seguro Social nació el 19 de enero de 1943. Con el paso de las décadas, llegó a convertirse en una de las instituciones fundamentales de la vida nacional, con hospitales, clínicas, centros de investigación y personal especializado que contribuyeron a construir su prestigio.
Sin embargo, una institución de semejante dimensión también ha padecido las consecuencias de las decisiones políticas, las deficiencias administrativas y los problemas que surgen cuando la conducción de los servicios de salud se distancia de la realidad que viven médicos, enfermeras y pacientes.
La pregunta es inevitable: ¿por qué la dirección general del IMSS no debería estar en manos de un médico con experiencia clínica, formación administrativa y conocimiento profundo de la institución?
No se trata de sostener que un médico sea, por definición, mejor administrador que cualquier otro profesional. Se trata de reconocer que dirigir una institución de salud exige comprender la complejidad de la atención médica, la organización hospitalaria, el abasto de insumos, la seguridad del paciente y las condiciones en que trabaja el personal sanitario.
Siete años al frente del Instituto
Zoé Robledo Aburto llegó a la dirección general del IMSS en 2019, después de desarrollar una trayectoria en la política y la administración pública. Su nombramiento abrió nuevamente el debate sobre el perfil profesional que debe tener quien encabeza una institución cuya razón de ser es proteger la salud de millones de mexicanos.
A estas alturas de su gestión, corresponde formular preguntas que no deberían incomodar a nadie que tenga la responsabilidad de rendir cuentas.
¿Se supervisan de manera permanente las condiciones de hospitales y clínicas? ¿Se detectan oportunamente las carencias de medicamentos y material de curación? ¿Se escucha a quienes trabajan todos los días en las unidades médicas? ¿Existen mecanismos eficaces para identificar irregularidades y corregirlas antes de que afecten a los derechohabientes?
La supervisión de un instituto de esta magnitud no puede convertirse en una reacción de emergencia cuando aparecen protestas, denuncias o inconformidades públicas. Debe ser una práctica cotidiana, sistemática y verificable.
Las visitas a las unidades médicas pueden ser útiles, pero su verdadero valor depende de lo que ocurra después: qué problemas se encontraron, quién debe resolverlos, en qué plazo y con qué resultados.
Recorrer hospitales no es lo mismo que gobernar eficazmente un sistema hospitalario.
¿Dónde termina la administración y comienza la responsabilidad?
La distribución y el control de medicamentos e insumos constituyen asuntos de especial importancia. Cada caja que no llega a su destino, cada equipo que permanece fuera de servicio y cada material que falta en una unidad médica puede representar un problema para la atención de los pacientes.
Por ello, cualquier señalamiento sobre desvíos, sustracción de medicamentos o irregularidades en el transporte de insumos debe investigarse con rigor. Si existen denuncias sobre vehículos que ingresan a instalaciones del Instituto y salen sin entregar la mercancía correspondiente, es indispensable determinar qué ocurrió, revisar los registros de entrada y salida y establecer responsabilidades con pruebas.
No basta con denunciar. Tampoco basta con negar. La obligación de las autoridades es investigar, transparentar los resultados y sancionar a quien resulte responsable.
Si tales irregularidades han ocurrido durante una administración, surge una pregunta legítima: ¿qué controles existían, qué mecanismos de vigilancia funcionaron y qué medidas se adoptaron para impedir que se repitieran?
Los recursos del IMSS no pertenecen a sus funcionarios. Son parte del patrimonio de una institución creada para servir a la población trabajadora y a sus familias.
Las enfermeras también conocen el Instituto
Hay un sector cuya experiencia merece mayor reconocimiento en cualquier diagnóstico sobre el funcionamiento del IMSS: el personal de enfermería.
Las enfermeras y los enfermeros conocen de primera mano la realidad de los servicios. Saben cuándo falta material, cuándo las cargas de trabajo rebasan la capacidad operativa, cuándo una instalación necesita mantenimiento y cuándo los procedimientos administrativos dificultan la atención.
Su preparación científica, su experiencia clínica y su conocimiento cotidiano de las unidades médicas deben formar parte de las decisiones directivas.
Lo mismo sucede con los médicos que han trabajado durante años en consulta, urgencias, hospitalización, cirugía y coordinación de servicios. Entre ellos existen profesionales con experiencia asistencial y administrativa capaces de asumir mayores responsabilidades.
No se trata de conceder cargos por antigüedad ni de privilegiar automáticamente a un gremio. Se trata de abrir oportunidades a quienes demuestren preparación, liderazgo, honestidad y capacidad para resolver problemas.
El conocimiento acumulado dentro del IMSS es un patrimonio institucional que no debería desperdiciarse.
El sueldo de los directivos y el trabajo de quienes atienden
También merece atención la distancia que puede existir entre las remuneraciones de los altos funcionarios y las de los trabajadores que sostienen los servicios médicos.
Este asunto debe examinarse con cifras oficiales, considerando las responsabilidades, las jornadas, las prestaciones y las condiciones laborales de cada puesto. Pero hay una cuestión de fondo que no puede ignorarse: el reconocimiento institucional debe reflejar la importancia del trabajo que realizan quienes atienden directamente a los pacientes.
Un médico que enfrenta una jornada exigente, una enfermera que cuida a varios pacientes simultáneamente y un trabajador que mantiene operativa una unidad hospitalaria contribuyen de manera directa al cumplimiento de la misión del Instituto.
La dirección general tiene una responsabilidad distinta, pero eso no la coloca por encima de la obligación de responder por los resultados.
La autoridad debe rendir cuentas, administrar con transparencia y demostrar que sus decisiones producen mejoras concretas en los servicios.
Presidenta: el IMSS merece una dirección a la altura de su historia
A la presidenta de México le hacemos una petición respetuosa, pero firme: que razone y mueva las piezas del ajedrez político pensando en el bien de los mexicanos, en el futuro del Instituto y en el prestigio de una institución que ha sido fundamental para la salud pública del país.
Imaginemos una orquesta filarmónica de gran prestigio a la que se asignara como director a una persona sin experiencia musical y sin noción de cómo interpretar una partitura. ¿Sería razonable esperar que condujera a los músicos hacia la excelencia sin conocer los fundamentos de su trabajo?
Dirigir una institución de salud también exige preparación, experiencia y comprensión de quienes hacen posible su funcionamiento. La capacidad administrativa importa, pero debe acompañarse de conocimiento especializado y de una visión clara de las necesidades sanitarias de la población.
Presidenta, el IMSS no debe ser tratado como una pieza más del tablero político. Está en juego la atención médica de millones de mexicanos y el trabajo de miles de profesionales que sostienen sus servicios.
Es tiempo de valorar la trayectoria, la preparación y los resultados. Que la selección de quien encabece el Instituto responda a criterios transparentes, a una evaluación rigurosa de capacidades y a un compromiso demostrable con la salud pública.
Presidenta: el IMSS merece una dirección a la altura de su historia. Los mexicanos merecen algo más que nombramientos políticos.
Los tiempos en que los compadrazgos podían anteponerse al conocimiento y a la capacidad deben quedar atrás. La salud pública no es un premio político ni el patrimonio de un grupo: es una responsabilidad con el país.
Por el bien de los derechohabientes, de los trabajadores del Instituto y de México, es hora de cambiar las reglas del juego.










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