Por Incertidumbre nuestro país se juega la inversión y el futuro del empleo, Advierte ICC México

Columna Horas Extras
Por Daniel Lee Vargas
Ciudad de México 27 de octubre de 2026.- La incertidumbre económica internacional amenaza mucho más que el comercio: pone en juego la creación de empleos, los salarios y la estabilidad de millones de trabajadores. El 70% de las cámaras de comercio de 113 países y territorios identifica las tensiones geopolíticas como uno de los principales obstáculos para las empresas, según El Pulso de las Cámaras 2026, de la Federación Mundial de Cámaras de la International Chamber of Commerce (ICC). Para México, la advertencia es clara: sin certidumbre para invertir y condiciones para competir, las oportunidades de empleo pueden terminar en otros países.
El problema va más allá de los aranceles, la inflación o las disputas comerciales. Cuando una empresa desconoce las condiciones en las que operará, puede aplazar una inversión, reducir su producción o frenar nuevas contrataciones. Esa incertidumbre termina trasladándose al mercado laboral mediante menos vacantes, presiones sobre los ingresos y mayores dificultades para consolidar empleos formales y estables.
México enfrenta este desafío en un momento decisivo para su relación económica con Estados Unidos y Canadá, particularmente ante la revisión del T-MEC y la reorganización de las cadenas internacionales de suministro. La integración productiva de América del Norte representa una oportunidad para atraer nuevas inversiones, ampliar la manufactura y fortalecer a los proveedores nacionales. Sin embargo, esa ventaja no se traducirá automáticamente en mejores condiciones laborales.
Atraer capital no basta: el verdadero reto es convertir cada inversión en empleos formales, salarios competitivos, capacitación y posibilidades de desarrollo profesional. De poco sirve anunciar nuevas plantas o proyectos productivos si sus beneficios no se reflejan en las condiciones de vida de los trabajadores y en el fortalecimiento de las economías locales.
La competitividad mexicana depende también de resolver problemas que afectan directamente al empleo: inseguridad, infraestructura insuficiente, suministro confiable de energía, trámites excesivos e incertidumbre regulatoria. Estos factores elevan los costos de las empresas, limitan su expansión y pueden desalentar proyectos que generarían oportunidades laborales.
El presidente de ICC México, Alberto Espinosa Desigaud, ha llamado a fortalecer la certidumbre jurídica y las condiciones para la inversión de largo plazo. La exigencia debe acompañarse de una política que coloque al trabajo en el centro de la estrategia económica. La confianza empresarial y la protección de los derechos laborales no son objetivos incompatibles; por el contrario, una economía sólida necesita empresas productivas y trabajadores con condiciones dignas, capacitación y oportunidades reales de crecimiento.
Otro dato del estudio merece atención: el 73% de las cámaras consultadas señala que las empresas están diversificando sus mercados de exportación, mientras que el 64% identifica la búsqueda de proveedores alternativos como respuesta a la incertidumbre. Esta transformación abre espacios para que México incorpore a más empresas nacionales a las cadenas globales de valor. El reto consiste en evitar que las oportunidades queden concentradas en las grandes compañías y extender sus beneficios a las pequeñas y medianas empresas, que pueden convertirse en fuentes importantes de empleo regional.
La transformación tecnológica agrega otra dimensión al desafío laboral. Cerca del 90% de las cámaras encuestadas considera que la inteligencia artificial contribuirá a elevar la productividad. Pero el avance tecnológico también exige preparar a los trabajadores para nuevas funciones, actualizar sus conocimientos y desarrollar habilidades digitales. Sin una estrategia de capacitación accesible, la modernización puede profundizar las desigualdades entre quienes tienen acceso a nuevas herramientas y quienes carecen de ellas.
México necesita anticiparse. Vincular la formación técnica con las necesidades de la industria, fortalecer la capacitación continua y facilitar la incorporación tecnológica de las pequeñas y medianas empresas son medidas indispensables para que la innovación se traduzca en productividad y mejores oportunidades laborales, en lugar de convertirse en un factor de exclusión.
La incertidumbre internacional no está bajo el control de México; las condiciones internas para enfrentarla, sí. El país debe fortalecer su integración comercial, diversificar mercados, garantizar reglas previsibles y construir una estrategia de competitividad que considere tanto las necesidades de inversión como los derechos y las perspectivas de los trabajadores.
La verdadera medida del éxito económico no será cuántas inversiones anuncie México, sino cuántos empleos formales genere, cuánto mejoren los salarios y qué oportunidades ofrezca a su fuerza laboral. En un mundo donde el capital puede cambiar de destino, el país necesita demostrar que puede ofrecer algo más que ubicación geográfica y costos competitivos: estabilidad, talento, productividad y un futuro laboral con mejores condiciones para quienes sostienen su economía.










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