La herencia del Ingeniero

Por C.W. Munguía
01 de noviembre del 2026.- El pasado 28 de octubre la historia política de México cerró uno de sus capítulos más extensos y determinantes.
Con el fallecimiento del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano a los 92 años, no solo despedimos al último gran referente del nacionalismo revolucionario, sino al hombre que fracturó definitivamente al régimen de partido único y abrió la puerta a la transición democrática en nuestro país, enseñando al electorado a votar sin miedo.
Junto a figuras fundamentales como Ifigenia Martínez, Porfirio Muñoz Ledo y Heberto Castillo, Cárdenas comprendió algo elemental: al régimen no se le iba a reformar con discursos bonitos desde adentro. Había que romper... Y rompió.
Su trayectoria pública fue amplia: gobernador de Michoacán, senador y el primer Jefe de Gobierno de la Ciudad de México electo por voto popular en 1997, pero su verdadero peso histórico radica en su terquedad democrática, la hazaña de competir tres veces por la Presidencia de la República cuando la sola noción de que la oposición pudiera ganar parecía una utopía.
El punto de quiebre de la historia contemporánea se fijó en 1988. Su oposición frontal al dedazo de Miguel de la Madrid a favor de Carlos Salinas de Gortari dio origen al Frente Democrático Nacional. Aquella contienda, disputada codo a codo contra la derecha de Manuel Clouthier y la maquinaria oficial, culminó en el fraude estructural consumado con la tristemente célebre "caída del sistema", operada por el entonces secretario de Gobernación, Manuel Bartlett. Cárdenas tenía la fuerza social para incendiar el país; eligió, en cambio, encauzar la indignación popular por la vía institucional.
Esa decisión fundacional dio vida al Partido de la Revolución Democrática (PRD), una plataforma de lucha a pie de tierra que recorrió los municipios más olvidados de México y pagó con la vida de cientos de sus militantes la construcción de un espacio de representación para las mayorías. Fue la edificación de esa izquierda territorial en la que más tarde abrevarían figuras como Andrés Manuel López Obrador, la que demostró que el régimen del PRI no era invencible.
Sin la tenacidad, la austeridad y la estatura de Estado de Cuauhtémoc Cárdenas, el bloque que hoy gobierna México sencillamente no existiría. Supo que la legitimidad no se hereda por el apellido, sino que se construye en el lodo de la contienda política. En un país acostumbrado al ruido y la estridencia de las minorías, el silencio sobrio del Ingeniero seguirá recordando que la verdadera transformación no nace del aspaviento, sino de la convicción inamovible de que el poder le pertenece al pueblo.










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