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Utópico

  • hace 44 minutos
  • 3 Min. de lectura



Cicuta

Jaime Flores Martínez

Utópico 

Viernes 15 de mayo del 2026.- Esperanzado en regresar “por sus fueros” en el Estado mexicano de Sinaloa, el impresentable Rubén Rocha Moya decidió no renunciar al cargo, sino “pedir licencia”.

¡Alberga la esperanza de regresar!

Sin embargo, habrá que reconocer que —hace unos días— en Sinaloa ocurrió algo que hace unos meses parecía imposible.

En la tierra de Pedro Infante, la sociedad recibió con sorpresa la noticia que Rubén Rocha Moya pidió licencia al cargo.

No “renunció”, pues está claro que en la política mexicana nadie suelta por completo la silla mientras exista la esperanza de regresar.

Rocha está satisfecho porque supone que —temporalmente—su oficina será ocupada por su incondicional Yeraldine Bonilla Valverde.

Esa misma oficina que desde hace tiempo parecía más “un búnker de crisis” que un despacho de gobierno.

Desde una perspectiva ficticia se puede observar que debió ocurrió algo extraordinario.

Imaginemos que Sinaloa amanece sin Rocha en el escritorio principal del Palacio de Gobierno en Culiacán.

Las carreteras dejan de ser rutas del miedo y los empresarios dejan de cerrar temprano por temor a extorsiones.

Se puede visualizar a los agricultores de Valle del Fuerte quienes hablan de cosechas y no de balaceras.

En Mazatlán los restauranteros descubren algo insólito, pues observan a los turistas pasear de noche sin mirar continuamente sobre su hombro.

En Los Mochis las madres dejan de marcar el celular de sus hijos en momentos en que tardan en llegar a casa, mientras en Culiacán ya no despiertan con el sonido habitual de ráfagas de metralleta.

Tampoco se sobresaltan por narco bloqueos y los comunicados oficiales que insultan la inteligencia ciudadana.

Esos sinaloenses, evidentemente confundidos, se hacen una pregunta brutal:

“¿Y si el problema sí estaba sentado en el tercer piso del edificio del gobierno estatal?”

Sépase que durante años Rocha Moya construyó una narrativa tan frágil como ofensiva basada en negar la magnitud de la violencia, minimizar las crisis y culpar a “factores externos” mientras el Estado se incendiaba.

En el momento que la violencia se disparó, el discurso oficial pedía paciencia y si aparecían cadáveres, entonces la narrativa era que se trataba de “hechos aislados”.

En esos días el miedo se convirtió en rutina, la administración morenista vendía conferencias de prensa como si fueran políticas públicas.

¡Descaradamente les vendían mentiras!

Y mientras tanto, Sinaloa se mantenía atrapado entre dos poderes: el formal y el verdadero.

El primero despachaba en Palacio de gobierno, mientras que el otro operaba desde las sombras.

Lo cuestionable es que demasiados ciudadanos comenzaron a sospechar que entre esos poderes existía una especie de convivencia funcional.

¡O un descaro absoluto!

Hasta el más ingenuo está convencido que Rocha Moya es responsable de la percepción de la gente, pues con su discurso mostraba que el gobierno no combatía el problema porque —en los hechos— él formaba parte de esa estructura criminal.

En política, a veces la percepción pesa tanto como las sentencias judiciales.

Si acaso se registrara una mejora en los indicadores de seguridad, si acaso bajaran los homicidios, si disminuyeran los bloqueos, si regresara la actividad nocturna y si la gente volviera a respirar sin miedo, la condena social sería devastadora.

Se comprobaría que Rocha Moya no era víctima de la crisis, sino generador de ella.

Para Morena el riesgo es monumental.

Sinaloa fue durante años una plaza políticamente rentable para el obradorismo, pero la lealtad electoral tiene límites y esos límites suelen aparecer en momentos que la violencia toca la puerta de la casa.

El votante puede perdonar incompetencia y puede incluso tolerar corrupción.

Lo que rara vez perdona es vivir aterrorizado.

Ah

Por cierto, hasta ayer por la mañana el señor Rocha Moya no salía a la luz.

Hay quien piensa que “ya se peló”.

Su sucesora Yeraldine Bonilla dice que está bien y que “está en su casa”.

¡Qué bueno que está bien! (Todos estábamos bien preocupados).

Positivo

Qué bueno que la mayoría de los padres de familia en México, festejan que la Secretaría de Educación Pública de México haya metido reversa en su intención de adelantar y ampliar las próximas vacaciones de verano.

Aunque hay que decir que muchas personas estaban de acuerdo en que las vacaciones iniciaran a principios de junio y finalizaran el último día de agosto, esta intención fue echada para atrás.

Lo único cierto, es que el nivel educativo en México deja mucho que desear y reducir los días de clase, afecta directamente a la sociedad, pues la educación se recorta también.

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