Tensión
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Cicuta
Jaime Flores Martínez
Tensión
Viernes 8 de mayo del 2026.- Atribulada porque los dardos parecen perseguir su imagen por doquier, la presidenta Claudia Sheinbaum implora una tregua que le permita un respiro. Solo uno.
Y es que en medio de tantísimos conflictos, el pasado 28 de abril el panorama se volvió más turbio.
No hay duda que la diplomacia entre México y Argentina dejó de parecer una mesa de negociación y comenzó a parecer una cantina de madrugada: vasos rotos, insultos cruzados y cuentas pendientes que nadie quiere pagar.
Ahora el nuevo detonante tiene uniforme naval y apellido conocido: el contraalmirante Fernando Farías Lagunas, detenido en Argentina y convertido —de golpe— en pieza de ajedrez político entre Claudia Sheinbaum y Javier Milei.
Farías Lagunas no era de ninguna manera un turista extraviado en Buenos Aires, ni tampoco un jubilado en busca de tango.
Para el gobierno mexicano, al menos en el papel, se trataba de un prófugo desde noviembre pasado.
La administración federal lo tenía (aparentemente) en la mira por su presunta responsabilidad en asuntos que exigen respuestas judiciales y no discursos patrióticos.
Su captura parecía abrir una puerta para una eventual extradición, aunque en política internacional, la lógica suele ser la primera víctima.
Habrá que señalar que Argentina no parece dispuesta a entregar esa ficha y ahí es donde comienza el verdadero incendio.
Para Javier Milei, el presidente que convirtió la provocación en método de gobierno, el caso representa oro molido.
No sólo porque le permite tensar más la cuerda con México, sino porque le ofrece un trofeo narrativo, es decir, mostrar que su administración no se arrodilla ante el gobierno de Morena ni ante la narrativa diplomática de Palacio Nacional.
Milei disfruta el pleito como quien disfruta un ring bien iluminado. Entre más ruido, mejor.
Del otro lado, Claudia Sheinbaum no tiene margen para la sonrisa institucional. El arresto de Farías Lagunas en territorio argentino y la posibilidad de que Buenos Aires lo proteja o lo exprima golpean directamente la narrativa de control y autoridad del nuevo gobierno mexicano.
No se trata sólo de un expediente judicial sino de prestigio político, de soberanía y de la incómoda imagen de un Estado que persigue a uno de los suyos mientras otro país decide convertirlo en asunto de conveniencia geopolítica.
La relación entre México y Argentina ya arrastraba cicatrices profundas. Andrés Manuel López Obrador y Milei se lanzaron dardos públicos con entusiasmo de adolescente. Milei calificó a AMLO con el tono de un polemista de televisión y López Obrador respondió desde su púlpito mañanero con la vieja liturgia del agravio soberano. Sheinbaum heredó ese pleito como quien recibe una casa incendiada con una manguera rota.
Ahora el caso Farías Lagunas añade gasolina al fuego porque si Argentina niega la extradición, el mensaje es brutal porque México pide, pero Argentina decide.
En lenguaje del poder eso equivale a una bofetada diplomática y la Cancillería mexicana tendrá que elegir entre la protesta elegante o el berrinche institucional. Está claro que ninguna opción luce bien.
Además, el episodio exhibe una contradicción incómoda. Los gobiernos latinoamericanos suelen recitar discursos solemnes sobre cooperación judicial, respeto mutuo y combate a la impunidad, pero al aparecer una figura útil para el cálculo político interno, los principios entran al clóset y sale el pragmatismo más vulgar.
La justicia deja de ser justicia y se convierte en mercancía diplomática.
Milei entiende perfectamente ese juego, pues sabe que cada roce con México fortalece su imagen ante su base más radical y por eso celebra cada portazo como una victoria cultural.
Si puede usar a Farías Lagunas como símbolo de resistencia frente al progresismo latinoamericano, lo hará sin pestañear.
Sheinbaum, en cambio, enfrenta un dilema menos teatral y más peligroso, pues si presiona demasiado entonces alimenta la narrativa victimista de Milei. Si guarda silencio, entonces lucirá débil. Si acaso protesta con tibieza, la oposición mexicana la acusará de sumisión.
En caso de dejar escalar el conflicto, entonces corre el riesgo de una crisis diplomática mayor. Cualquiera de esas rutas tiene minas.
El problema de fondo no es sólo Farías Lagunas. El problema real consiste en que la relación bilateral ya no se rige por diplomáticos, sino por egos.
Y si acaso los dos gobiernos colocan el orgullo por encima de la estrategia, la política exterior termina convertida en concurso de testosterona ideológica.
México y Argentina deberían discutir comercio, inversión, seguridad regional y cooperación científica.
En cambio, discuten insultos, agravios y fugitivos incómodos. Alguien diría que es una tragicomedia latinoamericana con presupuesto oficial.
Mientras tanto, Fernando Farías Lagunas observa desde Argentina, quizá con más calma que los presidentes involucrados.
A veces un detenido vale más que un embajador y en este caso, vale una guerra de prestigios.
Una guerra donde Milei sonríe, Sheinbaum aprieta los dientes y la diplomacia, una vez más, paga la cuenta.
Positivo
Qué bueno que las autoridades de Tijuana le dan seguimiento al Programa Sendero Seguro que busca garantizar la seguridad primeramente en tramos específicos.
Si tomamos en cuenta que las zonas aledañas a los planteles escolares es una prioridad, vale la pena destacar la correcta operación de más de 200 lámparas en el corredor aledaño al Tecnológico de Tijuana.
Qué bueno resulta comprobar que la autoridad hace lo que le corresponde.
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