Entre México y Estados Unidos, la lucha por una vejez digna para los migrantes
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Por Daniel Lee Vargas
Ciudad de México 9 de mayo de 2026.- En medio del debate nacional sobre migración y derechos sociales, un reciente estudio de opinión pública realizado en México abre una discusión que durante años permaneció relegada: el reconocimiento institucional de los adultos mayores mexicanos que viven en Estados Unidos, particularmente de aquellos que se encuentran en condición migratoria no autorizada.
El estudio, NDLON desarrollado mediante una encuesta telefónica automatizada con representatividad nacional, tuvo como propósito conocer la percepción ciudadana sobre la posibilidad de que el Gobierno de México extienda la Pensión para el Bienestar y apoyos en especie a mexicanos mayores de 65 años residentes en Estados Unidos.
La investigación fue impulsada con respaldo académico y tecnológico de diversas instituciones, entre ellas la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, la Universidad de Illinois en Chicago y organizaciones binacionales como #FuerzaMigrante.
Los resultados son políticamente significativos y socialmente reveladores. Mire usted: El 71.5 por ciento de las personas encuestadas manifestó estar total o medianamente de acuerdo con que el Gobierno de México otorgue la Pensión para el Bienestar a adultos mayores mexicanos que viven en Estados Unidos, incluso aquellos sin documentos migratorios. Asimismo, el 68.5 por ciento respaldó la entrega de apoyos en especie, como medicamentos, alimentos e insumos de higiene.
Más allá de las cifras, el estudio refleja un cambio importante en la percepción social sobre la #MigraciónMexicana. Durante décadas, millones de connacionales sostuvieron económicamente a sus familias y comunidades mediante remesas, trabajo agrícola, construcción y múltiples actividades esenciales en Estados Unidos. Sin embargo, al llegar a la vejez, muchos enfrentan condiciones de vulnerabilidad, precariedad y abandono institucional. La discusión ya no gira únicamente en torno a la migración como fenómeno económico, sino alrededor de una deuda histórica con quienes contribuyeron durante años al sostenimiento de miles de hogares mexicanos.
Uno de los elementos más relevantes del estudio es que incluso entre personas que no reciben remesas existe una tendencia favorable a respaldar apoyos para adultos mayores migrantes, aunque con menor intensidad. Esto demuestra que la conversación comienza a instalarse en un terreno más amplio de conciencia social y reconocimiento comunitario.
La investigación también evidencia cómo las nuevas herramientas tecnológicas permiten construir diagnósticos sociales de gran alcance. A través de sistemas automatizados de telefonía, plataformas digitales y modelos de recolección de datos asistidos por computadora, fue posible levantar información nacional con criterios metodológicos sólidos y márgenes de representatividad confiables. Sin embargo, el verdadero valor del estudio no está solamente en la innovación técnica, sino en la agenda humana que coloca sobre la mesa.
La dignificación del migrante pasa necesariamente por reconocer que millones de mexicanos en el exterior no dejaron de pertenecer a su país por haber cruzado una frontera. Las comunidades migrantes continúan sosteniendo vínculos familiares, culturales y económicos con México, y forman parte de una realidad binacional que exige respuestas coordinadas y políticas públicas con visión transnacional.
En este contexto, organizaciones comunitarias, redes de jornaleros y liderazgos migrantes han comenzado a impulsar una narrativa distinta: una que coloca en el centro a los adultos mayores mexicanos en Estados Unidos, promueve la organización comunitaria y fortalece las redes de colaboración entre ambos países. La discusión sobre programas sociales transnacionales ya no parece lejana ni simbólica; comienza a convertirse en una exigencia social respaldada por datos, sensibilidad comunitaria y legitimidad pública.
El reto para los próximos años será transformar esta conversación en mecanismos concretos de atención, acompañamiento y reconocimiento institucional. Porque detrás de cada estadística existe una historia de trabajo, sacrificio y pertenencia. Y porque una nación que reconoce a sus migrantes también fortalece su propia identidad colectiva.
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