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Callan colectivos feministas

  • hace 7 horas
  • 2 Min. de lectura

Redacción

Viernes 8 de mayo del 2026.- Mexicali, capital de Baja California, volvió a estremecerse el pasado fin de semana con una tragedia que parece emerger de una pesadilla.

Vicente, un niño de apenas tres años, murió tras permanecer más de 12 horas dentro de un vehículo donde su propia madre lo olvidó.

El menor falleció por inanición y por las condiciones extremas dentro de la unidad, en una ciudad donde el calor no da tregua y donde un automóvil cerrado se convierte en un horno letal en cuestión de minutos.

La madre, una joven mexicalense se acordó de su hijo medio día después, aunque en ese momento ya estaba muerto.

El caso ha provocado indignación, dolor y una inevitable discusión sobre responsabilidades penales, negligencia y salud mental. Sin embargo, también abrió otro frente incómodo: el silencio absoluto de los colectivos feministas que suelen aparecer con velocidad quirúrgica especialmente en momentos que una mujer enfrenta procesos judiciales, denuncias públicas o conflictos mediáticos.

Esta vez no hubo posicionamientos o al menos no se han hecho públicos.

No aparecieron comunicados ni tampoco se convocaron marchas. No surgieron consignas en redes sociales. El mutismo resultó tan ensordecedor como conveniente.

Los grupos que habitualmente denuncian la criminalización de las mujeres hoy parecen atrapados en un dilema narrativo incómodo. Defender a una madre señalada por una omisión que terminó con la vida de su hijo representa una bomba política y moral difícil de manipular.

No hay duda que esta tragedia rompe con el discurso simplista, donde siempre existe un villano claramente masculino y una víctima femenina incuestionable.

Aquí hay un niño muerto y ese hecho pulveriza cualquier intento de convertir el caso en una batalla ideológica prefabricada.

La ausencia de la postura de ideología feminista también exhibe una contradicción profunda.

Muchos colectivos feministas han exigido —con razón en múltiples casos— perspectiva de género para analizar delitos cometidos contra mujeres en contextos complejos.

Han argumentado que existen factores estructurales, emocionales y sociales que deben analizarse antes de emitir juicios sumarios.

El asunto ahora es sumamente complejo.

Si la madre atravesaba una crisis emocional, agotamiento extremo, depresión o condiciones extraordinarias, corresponde a las autoridades investigarlo con rigor.

Si se trató de una negligencia brutal e imperdonable, entonces deberá enfrentar las consecuencias.

Lo que no puede normalizarse es el oportunismo discursivo.

Habrá que subrayar que la defensa de las mujeres no puede operar bajo criterios de conveniencia política.

No puede activarse únicamente en momentos que el caso garantiza “rentabilidad mediática” o si encaja en una narrativa ideológica rentable en redes sociales.

El silencio actual parece confirmar una verdad incómoda pues algunos activismos(sin mencionar nombres) se han construido causas de escaparate y guardan prudente distancia, especialmente si los hechos destruyen sus argumentos automáticos.

 
 
 

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