Disfraz
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Cicuta
Jaime Flores Martínez
Disfraz
Viernes 9 de enero del 2026.- Aunque el actual gobierno recurre a los eufemismos para marear a los mexicanos, “el gasolinazo” es algo que la autoridad “no quiere” llamar por su nombre.
El discurso es que la gasolina cuesta más porque hay que pagar un impuesto (a los impuestos) que se llama IEPS.
En los hechos, dicho impuesto representa alrededor del 60 por ciento del costo del litro de gasolina.
Para que quede más claro, el costo real de la gasolina Magna es de 10 pesos por litro y los mexicanos debemos pagar entre 23 y 26 pesos por cada litro de ese combustible.
Sin embargo, para muchísimos mexicanos está fresco el recuerdo de Andrés Manuel López Obrador quien en campaña prometía que bajaría el precio de las gasolinas.
En 2018 la llamada Cuarta Transformación vendió una promesa simple, pegajosa y políticamente rentable: el litro de gasolina costaría diez pesos.
No era una metáfora, no era un deseo, ni era un “si se puede” sino un compromiso repetido en plazas públicas, debates y conferencias.
Siete años después, esa promesa vale exactamente lo mismo que un volante de campaña olvidado en el parabrisas de un automóvil abandonado, es decir, nada.
En México, el litro de gasolina se paga entre 23 y 27 pesos, según la región y la marca. No es una percepción ciudadana ni una exageración opositora. Es el precio que aparece todos los días en las estaciones de servicio.
Mientras tanto, del otro lado del río Bravo, en Texas, el litro cuesta el equivalente a 11 pesos. Casi la mitad. No hay magia. Hay impuestos.
El elefante en la bomba se llama IEPS: Impuesto Especial sobre Producción y Servicios. Un gravamen que el gobierno federal puede subir, bajar, “estimular” o retirar según su conveniencia fiscal y política.
En los hechos, el IEPS funciona como un colchón recaudatorio que mantiene alto el precio del combustible sin necesidad de anunciar un gasolinazo formal. No hay decretos estridentes ni cadenas nacionales. Solo “ajustes técnicos” que el ciudadano paga cada vez que llena el tanque.
Durante años, la 4T aseguró que no habría gasolinazos. Y es cierto, si se entiende el término de forma estrictamente semántica. No hubo incrementos súbitos decretados de la noche a la mañana.
Lo que sí hubo fue una política sistemática que permitió que el precio se normalizara en niveles históricamente altos, mientras el discurso oficial insistía en que “podría ser peor”.
El argumento recurrente apela al contexto internacional, a la inflación global y a los conflictos geopolíticos.
Todo eso influye, sin duda. Lo que no se dice con la misma claridad es que México produce petróleo, refina gasolina y aun así castiga al consumidor con una carga fiscal que convierte cada carga de combustible en una aportación involuntaria al erario.
La comparación con Texas resulta incómoda porque exhibe la contradicción central del relato oficial. Allá no presumen soberanía energética ni rescates patrióticos de refinerías. Aquí sí. Allá el litro cuesta once pesos. Aquí, más del doble.
El gasolinazo no desapareció. Solo aprendió a disfrazarse. Cambió de nombre, de narrativa y de pretexto, pero no de efecto. La gasolina sigue cara, la promesa de los diez pesos quedó enterrada y el IEPS continúa como el socio silencioso que siempre cobra, aunque nadie lo defienda en público.
La transformación fue retórica. El recibo, como siempre, lo paga el ciudadano.
Maduro.
El periodista y defensor de los derechos humanos en Venezuela, Luis Carlos Díaz, pronunció una frase que suena descabellada: “el gobierno comunista de Cuba es más transparente que el gobierno comunista de Venezuela”.
La alusión la hizo al trascender que el grupo militar estadounidense que asaltó la madrugada del sábado, la residencia de Nicolás Maduro, abatió al menos a 32 hombres que cuidaban el sueño del dictador.
Ya se confirmó: quienes cuidaban a Maduro eran —en su mayoría— cubanos y no venezolanos. El propio gobierno cubano reconoció el fallecimiento de sus connacionales y argumentó que desempeñaban labores de cooperación con Venezuela.
En otras palabras, la administración del cubano, Miguel Díaz-Canel brindaba la Seguridad a Nicolás Maduro. Al aceptar esto, Cuba “es más transparente que Venezuela”. Al menos eso asegura Luis Carlos Diaz.
Hank
El pasado martes, el empresario casinero Jorge Hank Rhon aseguró que no buscará ser candidato a la gobernatura de Baja California en los comicios del próximo año.
Precisó que uno de sus hijos podrá ser el Candidato. El señor Hank no ofreció mayores detalles, aunque se supone que podría ser su hijo Carlos o su hijo César.
Alguien podría preguntarse, qué tal si el Candidato de MORENA fuera el actual diputado federal, Fernando Castro Trenti, enemigo acérrimo de Hank. La declaración del pasado martes podría quedar invalidada, claro, en ese escenario.
Positivo
Qué bueno que la mayoría del pueblo venezolano alberga esperanzado que regrese La Paz y el bienestar a ese país
Aunque habrá que decir que existen muchísimos venezolanos simpatizantes del chavismo, muchos otros
—por no decir la mayoría—, son detractores del sistema que instauró el fallecido, Hugo Chávez.
Con el arresto de Nicolás Maduro Moro la expectativa para Venezuela se modifica de manera exponencial.
Son muchos los habitantes de Venezuela y los venezolanos habitantes de otros países, que brincaron de alegría, al saber que maduro fue depuesto.
Ojalá que todo sea para bien de todos los venezolanos y para todo el mundo.
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