Cometió AMLO un error estratégico
- Cicuta Noticias

- hace 1 día
- 3 Min. de lectura

Jaime Flores Martínez
Viernes 9 de enero del 2026.-Más allá del pisoteo a la doctrina ideológica que practica, el expresidente Andrés Manuel López Obrador salió del ostracismo: arremetió contra Donald Trump y de paso le complicó la existencia a Claudia Sheinbaum.
“Por ahora no le mando un abrazo” remató AMLO en el mensaje (divulgado en redes sociales) dirigido a Donald Trump.
Y es que en la política mexicana hay gestos que valen más que mil discursos: un abrazo, una foto, una frase.
En este caso, en la reciente crisis desatada por la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadunidenses fue Andrés Manuel López Obrador quien terminó por ofrecer un gesto simbólico y no fue —precisamente—en favor de la actual presidenta Claudia Sheinbaum.
El expresidente, quien se declaró “retirado de la política”, rompió ese retiro no para escribir un libro reflexivo, ni para dar cátedra de economía, sino para salir a criticar la operación estadounidense contra Maduro.
La crítica la hizo con su sello de siempre: frase grandilocuente, cita a Benito Juárez y ese toque personal que mezcla nacionalismo con la auto percepción de un sabio universal.
Pero el clímax no fue precisamente su crítica a Estados Unidos, sino el remate dirigido a Donald Trump: “Por ahora no le mando un abrazo”.
Ese “por ahora” podría parecer anécdota, chiste de sobremesa hasta que se coloca bajo la lupa del cálculo político.
Porque más allá de lucir como un gesto épico de independencia moral, lo que AMLO hizo fue una jugada que complicó la posición de Sheinbaum y reabrió el debate sobre su liderazgo internacional.
Y aunque el mensaje del expresidente fue vendido como “apoyo incondicional” a la postura de la presidenta Sheinbaum ante Venezuela, esa “solidaridad” choca con varios problemas.
Sépase que ese mensaje confunde liderazgo con protagonismo personal.
El error de AMLO no fue respaldar la “no intervención”, sino ponerse en primer plano de la escena diplomática y sin duda eclipsó el propio pronunciamiento de la presidenta.
Nadie podría dudar que AMLO puso a Sheinbaum en una posición reactiva, pues ella debió salir a “interpretar” la publicación del expresidente como “muy buen mensaje” aunque claramente el tono utilizado evidenció su incomodidad.
Hay quien considera que esta situación pone en evidencia una falta de control sobre la narrativa internacional, sobre todo en una etapa donde la relación entre Washington y México es delicada.
En concreto fue AMLO (no Sheinbaum) quien decidió comunicar con lenguaje duro y eso le genera a la presidenta un desgaste adicional en su carta diplomática frente a la Casa Blanca. Paralelamente esta acción de AMLO le da margen a Trump para decir lo que quiera.
Ese “no le mando un abrazo” se vuelve especialmente dañino si pensamos en el contexto Trump–Sheinbaum.
Trump ha mostrado una postura dura sobre narcotráfico y ha preocupado a México con insinuaciones sobre intervención o presión incluidos ataques verbales.
Para Trump la intervención de AMLO es un desafío de un expresidente —ideológicamente opuesto—que lanza mensajes bilaterales sin coordinación presidencial y eso —sin duda— es combustible para la frustración de Washington.
Muchos analistas especializados en asuntos diplomáticos consideran que el expresidente cometió un error estratégico: no es lo mismo que tu representante oficial dialogue con un homólogo complicado a que lo haga tu antecesor que —como agregado— tiene una autoridad moral dudosa.
Y más cuando ese mensaje se viraliza en redes con más emoción que cálculo, también dio pie a caricaturas y memes en ambos lados de la frontera.
Un especialista en este tipo de temas dijo a Cicuta que “en política no existen los gestos inocentes”.
Precisa que cada frase se interpreta, se replica y se traduce en miles de tuits, columnas y declaraciones oficiales.
La indignación moral de AMLO pudo haber sido sincera, pero su efecto fue contradictorio pues puso a Sheinbaum en un rincón donde alimentó tensiones en la relación bilateral y abrió una puerta para que Trump considere a México no como un socio diplomático sino como un platillo servido en el banquete de la política interna estadounidense.
Si el objetivo era defender la soberanía; reiterar la postura de la “no intervención” y subrayar la postura latinoamericanista, entonces lo puede hacer el Gobierno mexicano desde su postura oficial.
En otras palabras, los mexicanos no necesitaban que el expresidente les hiciera un cameo con frase de telenovela.
Y si de abrazos se trata, quizá el que más falta hacía era uno “de gesto político” y no de retórica.
Pudo ser un abrazo entre gobierno actual y la oposición donde se mostrara unidad estratégica internacional y no un saludo verbal que terminó en un dolor de cabeza estratégico.










Comentarios