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Conspiración

  • 3 mar
  • 3 Min. de lectura



Cicuta

Jaime Flores Martínez

Conspiración  

Miércoles 4 de marzo del 2026.- Convencida que en política vale más el silencio de un cadáver que un millar de conferencias mañaneras, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo asumió la ejecución de Nemesio Oseguera Cervantes “el Mencho”, como una gran bocanada de aire fresco.

¡Ya era hora de…una buena!

Habrá que subrayar que en el despliegue militar del domingo 22, el gobierno mexicano presumió “eficacia quirúrgica” en un operativo limpio y aunque hubo más de 2 decenas de bajas, se declaró fin del mito.

Sin embargo, habrá que subrayar que la sospecha flota en el ambiente como si ese operativo emitiera olor a pólvora.

Hay quien se pregunta si al gobierno mexicano le convenía más muerto que vivo.

Sin duda que un capo capturado abre expedientes y también es innegable que un delincuente extraditado dinamita carreras.

Cualquier capo sentado ante una corte federal en Brooklyn, Estados Unidos, convierte rumores en testimonios “bajo juramento”.

Más claro: si el líder del CJNG hubiera pisado suelo estadounidense, el guion sería totalmente distinto.

Si el Mencho hubiese sido capturado, lógicamente Donald Trump habría exigido su extradición inmediata y no necesariamente por altruismo judicial, sino por cálculo político.

Un trofeo perfecto para su narrativa de “mano dura”. Un mensaje a México. Un espectáculo “prime time”.

Y justo ahí empezaría la pesadilla para Claudia Sheinbaum. Un juicio en Estados Unidos no respeta pactos de silencio. Los fiscales ofrecen reducciones de condena a cambio de nombres, rutas, fechas, montos.

El Mencho, acorralado por cadena perpetua, habría negociado. Los narcos no tienen lealtades eternas; tienen instinto de supervivencia.

Escenario uno. El Mencho declara que durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador existieron acuerdos tácitos de no confrontación en ciertas plazas estratégicas. No un pacto firmado en mármol, sino entendimientos operativos. “No me toques aquí y no te incendió allá”. El discurso de “abrazos, no balazos” adquiere otro significado ante un jurado neoyorquino.

Escenario dos. El Mencho revela financiamiento indirecto a campañas locales mediante operadores, constructoras fachada y triangulaciones en efectivo. No acusa al presidente de forma directa. Apunta a gobernadores, alcaldes, coordinadores regionales. La metralla política alcanza al centro del poder. Washington sonríe. El Departamento de Justicia filtra extractos. Wall Street ajusta expectativas sobre México.

En el hipotético escenario tres. El Mencho describe reuniones en ranchos, intermediarios de cuello blanco, enlaces empresariales y refiere nombres de militares corruptos, mandos estatales, agentes federales y ese relato confirma lo que todos sospechan y nadie prueba.

El Estado mexicano aparece como terreno negociado. La cooperación bilateral entra en fase de chantaje diplomático.

Y en cualquiera de esos escenarios, la presión sobre Palacio Nacional se volvería asfixiante. Trump exigiría más, muchas más detenciones. Más extradiciones y más férreo control fronterizo. Sheinbaum enfrentaría un dilema brutal: defender “la soberanía” o contener el incendio político interno.

Un juicio en Estados Unidos se transforma en arma geopolítica.

Con el Mencho muerto, el expediente se fragmenta. No hay declaración estelar. No hay careo. No hay grabaciones reveladas en audiencia pública. Solo partes militares y versiones oficiales. El gobierno controla la narrativa. La oposición especula, aunque lo que menos importa es que la opinión pública sospeche.

¿Se perdió una oportunidad histórica para desmantelar redes de complicidad? ¿Se evitó una crisis institucional de proporciones mayores? Ambas cosas pueden ser ciertas.

La ejecución del Mencho elimina a un criminal responsable de violencia brutal, aunque también elimina a un testigo incómodo. En política, la línea entre justicia y conveniencia suele ser delgada. Demasiado delgada.

Los muertos no hablan y en ocasiones el silencio resulta ensordecedor.

Funeral

El lunes en Zapopan se realizaron las honras fúnebres de el Mencho y el despliegue de seguridad fue impresionante.

Desde el lugar donde se encuentre debió sentirse satisfecho, porque aún muerto la autoridad lo cuidó.

Positivo

Qué bueno que el gobierno de Tijuana se preocupa por concientizar a la sociedad sobre la atención y los cuidados que requieren los niños afectados por el cáncer.

Durante la celebración del Día Internacional para el cuidado del cáncer, el alcalde de Tijuana Ismael Burgueño Ruiz exhortó a la sociedad a ser más participativa en situaciones como estas que involucren a menores de edad.

Aunque no hay cifras oficiales de ese tipo de decesos al año en Tijuana, al comparar las cifras estatales (65 el año pasado) lógicamente que al menos la mitad se registraron en Tijuana.

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