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Alligator Alcatraz, el experimento inhumano de la política migratoria en Florida

  • Foto del escritor: Cicuta Noticias
    Cicuta Noticias
  • 11 jul
  • 2 Min. de lectura

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Por Daniel Lee Vargas

Ciudad de México, 12 Julio 2025.- Los centros de detención como Alligator Alcatraz no pueden convertirse en el nuevo estándar. Si el gobierno federal y el estado de Florida insisten en construir campos de concentración disfrazados de “infraestructura de emergencia”, la sociedad civil debe responder con la misma contundencia.

“Somos como ratas en un experimento”, denuncian los primeros migrantes encarcelados en el recién inaugurado centro de detención de los Everglades, Florida. No es una metáfora exagerada: lo que se vive en este improvisado campo de detención —construido en una semana, rodeado de caimanes, sin agua, sin luz ni acceso legal— configura un laboratorio de crueldad institucionalizada.

Las autoridades insisten en que las denuncias son falsas, que todo está en orden. Pero las voces de quienes viven ahí narran otra historia: gusanos en la comida, una comida al día, ausencia total de atención médica y jurídica, temperaturas insoportables, nubes de mosquitos y condiciones dignas de una prisión clandestina. ¿Dónde quedó el Estado de Derecho?

Ubicado en una remota pista de aterrizaje del Parque Nacional Everglades, Alligator Alcatraz parece diseñado más para la intimidación que para la administración de justicia. No es casualidad que Donald Trump haya bromeado sobre los migrantes “huyendo de los caimanes” si querían escapar. La prisión está en un humedal infestado de reptiles y serpientes, pero los verdaderos peligros no tienen colmillos: son la negligencia, el autoritarismo y la impunidad.

Esta cárcel emergente, donde ni siquiera los abogados pueden ingresar, se ha convertido en el rostro grotesco de una política migratoria que ha dejado atrás cualquier rastro de humanidad. No se trata de delincuentes peligrosos: entre los detenidos hay padres de familia, residentes permanentes, beneficiarios de DACA, personas con procesos legales abiertos. Y aún así, son tratados como escoria, como "ilegales" sin rostro, sin historia, ni derechos.

Trasciende que el sentir de los primeros detenidos, se envuelve entre ka incertidumbre: comparten por teléfono que reciben una sola comida al día, y que nunca apagan las luces. “Es como una perrera”, dicen. Otro detenido denunció que le quitaron sus medicinas y hasta su Biblia. En un país que presume ser defensor de la libertad religiosa, esto debería encender todas las alarmas.

La existencia de Alligator Alcatraz no es solo una aberración logística; es una estrategia de disuasión por medio del sufrimiento. La lógica es el terror: “si viniste aquí sin permiso, prepárate para lo peor”.

Stephanie Hartman, vocera del estado de Florida, niega todo. El DHS lo llama “vergonzoso” y acusa a la prensa de amplificar “falsas narrativas”. Pero si fuera todo un montaje, ¿por qué no permiten inspecciones? ¿Por qué los testimonios son consistentes, crudos, y vienen de múltiples fuentes?

Lo que ocurre en Florida no es un hecho aislado, sino el síntoma de una enfermedad más profunda. La política migratoria de Estados Unidos, especialmente en su nueva etapa pos-Trump, se ha endurecido hasta volverse ciega e inhumana. Centros como Alligator Alcatraz son la institucionalización del prejuicio y el miedo, convertidos en infraestructura estatal.

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