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Un pedacito de Puebla que florece en Estados Unidos: migrantes poblanos, raíces que cruzan fronteras

  • Foto del escritor: Cicuta Noticias
    Cicuta Noticias
  • hace 2 horas
  • 3 Min. de lectura

Por Daniel Lee Vargas

Ciudad de México, 21 Enero 2026.- En las calles de New Brunswick, Nueva Jersey, el aroma del mole poblano se mezcla con el ruido cotidiano de una ciudad construida por migrantes. Entre restaurantes, talleres, pequeños comercios y hogares que laten en dos países a la vez, hay historias que no suelen aparecer en los grandes titulares, pero que sostienen economías, culturas y comunidades enteras. La de María Nieves, originaria de Atlixco, Puebla, es una de ellas; una historia que no camina sola, sino acompañada por miles de poblanos que han hecho de Estados Unidos un territorio de trabajo, resistencia y memoria.

El reconocimiento de la Cámara de Comercio Hispana del Estado de Nueva Jersey, que distinguió a María Nieves como “Negocio del Año”, no es solo un logro individual. Es el reflejo de una diáspora poblana que, lejos de diluirse, se organiza, emprende y deja huella.

Migrar con el cuerpo, pero no con el olvido

María llegó a Estados Unidos hace más de 25 años, como lo han hecho generaciones enteras de poblanos provenientes de Atlixco, la Mixteca, Tehuacán o la Sierra Norte. Llegó con lo indispensable: la voluntad de trabajar, el miedo a lo desconocido y un profundo vínculo con su tierra. Durante años, como muchos otros, sobrevivió en empleos invisibles, jornadas largas y silencios impuestos por la condición migratoria.

Hoy, nueve años después de haber abierto “Las Marías, delicias poblanas”, su restaurante se ha convertido en algo más que un negocio exitoso: es una embajada cultural, un punto de encuentro para la nostalgia, la lengua, los sabores y la identidad.

“Este premio significa constancia y perseverancia. Ha sido un camino largo, pero sí se puede”, dice María. Y en esa frase caben miles de historias similares.

Las Marías: cuando la cocina se vuelve territorio

En cada plato que sale de la cocina de “Las Marías” hay una decisión política y cultural: no renunciar al origen. El mole poblano, preparado con paciencia y respeto por la receta tradicional, no es solo un platillo estrella; es un acto de memoria. Las cemitas, con su pan crujiente y su pápalo inconfundible, reconstruyen el paisaje del Valle de Atlixco. Las quesadillas de huitlacoche rescatan una raíz prehispánica que desafía la estandarización de la comida migrante.

En un contexto donde muchos negocios latinos son empujados a “americanizar” sus productos para sobrevivir, María apostó por lo contrario: ser auténtica, aunque eso implicara más esfuerzo, más explicación, más resistencia.

Ese mismo camino lo recorren otros migrantes poblanos en Nueva Jersey, Nueva York, California o Illinois, donde panaderías, taquerías, fondas, tiendas y talleres familiares funcionan como nodos de una economía comunitaria que rara vez recibe reconocimiento institucional.

El rostro colectivo del éxito migrante

Detrás del premio a María Nieves hay una red silenciosa de poblanos que también emprenden: mujeres que cocinan desde casa para vender los fines de semana, hombres que pasaron de la construcción a abrir pequeños negocios, familias que combinan varios trabajos para sostener un sueño común. No todos reciben galardones, pero todos sostienen algo más grande: la dignidad del trabajo migrante.

Los migrantes poblanos no solo envían remesas; envían conocimiento, cultura, organización y liderazgo comunitario. En ciudades como New Brunswick, su presencia ha redefinido barrios completos, revitalizando economías locales y generando empleo. Sin embargo, su aporte sigue siendo subestimado en el discurso público.

Historias como la de María rompen esa invisibilidad. Demuestran que el “sueño americano” no es un golpe de suerte, sino un proceso largo, muchas veces solitario, construido a base de jornadas extendidas, sacrificios familiares y una profunda conexión con la tierra que se dejó atrás.

Perseverar en un sistema que no fue hecho para ellos

El reconocimiento llega en un contexto complejo para la población migrante en Estados Unidos, marcado por discursos de exclusión, precariedad laboral y barreras legales. Emprender siendo migrante —y más aún siendo mujer— implica enfrentar obstáculos adicionales: acceso limitado a crédito, trámites complicados, discriminación y una constante incertidumbre.

Por eso, el logro de María Nieves no es anecdótico. Es político. Es la prueba de que, incluso en condiciones adversas, los migrantes poblanos construyen futuro sin romper con su identidad.

Puebla vive en el norte

Cada vez que un cliente cruza la puerta de “Las Marías”, entra también a Puebla. A su clima, a su historia, a su cocina y a su gente. Y como María, hay cientos de poblanos que, desde distintos rincones de Estados Unidos, mantienen vivo ese vínculo, demostrando que migrar no significa desaparecer, sino transformarse sin olvidar.

El premio a María Nieves es, en realidad, un reconocimiento colectivo: a quienes se fueron sin garantías, a quienes resistieron en silencio y a quienes hoy levantan negocios, comunidades y puentes entre dos países.

Porque Puebla no se quedó atrás. Puebla cruzó la frontera. Enhorabuena María Nieves. Que orgullo...

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