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Sopas

  • hace 8 minutos
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Cicuta

Jaime Flores Martínez

Sopas

Viernes 6 de marzo del 2026.- Precedido de una cuestionable reputación con tufo a drenaje, resulta lógico que el actual presidente del Consejo de Seguridad Ciudadana de Tijuana Edgardo Flores Campbell haya sido incapaz de sacar la cara en los momentos críticos de inseguridad y violencia, derivados del abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes “el Mencho” la madrugada del pasado día 22.

Y aunque el violento operativo militar se realizó en Jalisco, los desmanes que incluyeron incendios y bloqueos carreteros fueron en prácticamente todo el país, incluido Baja California, particularmente Tijuana.

El responsable de inyectar serenidad a los ciudadanos y exigirle a la autoridad garantizar la paz social, léase Edgardo Flores Campbell, está claro que prefirió esconder la cabeza como las avestruces.

Quizá Flores Campbell (el Sopas) está convencido que en Tijuana la memoria institucional parece que es muy frágil.

Hoy el Consejo de Seguridad Pública de la ciudad tiene como presidente a Edgardo Flores Campbell, exintegrante de la desaparecida Policía Federal Preventiva (PFP) y quien que fue subalterno y discípulo político de Genaro García Luna, sentenciado en Estados Unidos a 38 años de prisión por vínculos con el narcotráfico.

No es un detalle menor. Es más bien una luz roja. Una advertencia.

De ninguna manera García Luna fue un burócrata gris.

En los hechos fue el arquitecto de la llamada “guerra contra el crimen organizado” durante el sexenio del panista Felipe Calderón.

En los expedientes del sentenciado García Luna obran testimonios que describen sobornos millonarios y pactos con el Cártel de Sinaloa.

La sentencia en su contra no deja espacio para la ambigüedad. Fue declarado culpable por conspiración para traficar cocaína y por mentir a autoridades estadounidenses. Ese es el mentor.

Ahora bien, Flores Campbell formó parte de esa estructura. Fue su subalterno en la PFP, corporación que desapareció tras el descrédito y la crisis de confianza que arrastró el modelo federal de seguridad. No se trata de culpas heredadas por ósmosis, se trata de trayectorias, redes, lealtades y culturas institucionales que no se evaporan por decreto.

Recientemente la agencia digital SinEmbargo, reveló que Flores Campbell publicó recientemente un mensaje en redes sociales donde repudia la corrupción. Ese gesto resulta —al menos—irónico.

La condena de su antiguo jefe no ocurrió en un tribunal menor ni en una república bananera. Ocurrió en una corte federal de Estados Unidos tras un proceso amplio, público y documentado.

Ya Cicuta se ha referido al desacierto de haber nombrado a Flores Campbell titular del Consejo Ciudadano de Seguridad, pues no puede un personaje de ese talante representar a la gente buena.

La sociedad exige perfiles blindados, no figuras que obliguen a explicar cada fotografía del pasado.

A ello se suma otro ángulo inquietante. Flores Campbell encabeza una empresa de seguridad privada en Tijuana que —según versiones públicas—ha obtenido contratos millonarios del gobierno.

La frontera entre la asesoría ciudadana, el negocio privado y la influencia política merece escrutinio. La seguridad no es un mercado cualquiera. Es un asunto de Estado.

En ese entramado aparece el nombre de Fernando Beltrán Rendón, empresario del boxeo con reputación cuestionada en distintos círculos locales.

Las alianzas importan. Las sociedades hablan. En seguridad pública, los vínculos no son anecdóticos; son termómetros de riesgo.

El Consejo de Seguridad Pública debería fungir como contrapeso, como órgano ciudadano que vigila y exige cuentas a la autoridad. Si su cabeza proviene de una escuela marcada por el mayor escándalo de corrupción policial en la historia reciente de México, entonces la credibilidad nace herida.

Ah

Recientemente el periodista Luis Chaparro dedicó un video a don Edgardo Flores Campbell.

En ese reporte lo llama “el vigilante ciego”.

Punto.

Positivo

Qué bueno que la gobernadora de Baja California haya dicho que “paz, no es ausencia de violencia”.

Es muy cierto que la convivencia social es armonía y eso es vivir en paz.

Muchos mexicanos viven en el constante sobresalto y difícilmente dicen que viven en paz.

Por eso es importante la difusión de la Estrategia de Paz que impulsa el gobierno federal y el empuje que puedan darle los ejecutivos estatales.

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