Populacho

Cicuta
Jaime Flores Martínez
Populacho
Miércoles 30 de septiembre del 2026.- Practicante de razonamientos ciertamente incómodos, el sabio Sócrates criticó abiertamente la “democracia” porque desde aquellos años ya era una especie de concurso de popularidad y no la designación de una persona con capacidad para gobernar.
¡Pareciera que la humanidad no avanza!
Aunque muchos destacan que la democracia permite que los ciudadanos decidan quién los gobierna, el sabio Sócrates subrayaba (hace 2 mil 400 años) que también poseía un defecto mayúsculo, pues el voto ciudadano no convierte a “un incompetente en competente”, ni tampoco transforma a “un demagogo en un estadista”.
Cierto que Sócrates no dejó escritos propios ni sabemos de dónde provienen sus ideas, aunque la lógica que utilizó las mantiene vigentes.
La historiografía coincide en que Sócrates fue un crítico severo de la democracia ateniense, aunque existen debates académicos sobre el alcance exacto de su postura.
Su razonamiento era incómodo, pues subrayaba que un barco necesita como capitán a un piloto preparado.
Igualmente, para curar a un enfermo se necesita un médico especializado en su padecimiento y —por qué entonces— ¿para gobernar una ciudad bastaría con obtener más votos?
Cicuta reitera que esta pregunta conserva una vigencia brutal, especialmente porque Sócrates cuestionaba que cualquier ciudadano poseyera —por el simple hecho de ser ciudadano— los conocimientos necesarios para ejercer una función pública.
Desde esa perspectiva, la política también requería conocimiento, virtud, prudencia y capacidad.
La República de Platón llevó esta idea mucho más lejos: el gobierno ideal debía quedar en manos de quienes poseyeran sabiduría y conocimiento, no de quienes gozaran de mayor popularidad.
Los problemas en aquel momento y en la actualidad nos obliga a plantearnos:
¿Qué ocurre en los tiempos en que la democracia premia la popularidad y desestima la capacidad?
América Latina ofrece actualmente ejemplos suficientes para formular la pregunta sin necesidad de convertirla en consigna partidista.
La región mantiene elecciones, congresos, partidos, campañas y alternancia, pero también enfrenta problemas de concentración de poder, debilitamiento institucional, corrupción, violencia, populismo y deterioro de los contrapesos.
En este escenario, México merece una mirada particular pues el país es una democracia electoral.
Desde el año 2000 brotó una alternancia partidista en el poder federal.
Sin embargo, habrá que subrayar que la democracia no consiste únicamente en depositar una boleta dentro de una urna cada cierto número de años.
También requiere instituciones capaces de contener al gobernante, leyes que se apliquen al poderoso y al ciudadano común, libertad para criticar al gobierno, tribunales independientes y mecanismos efectivos de rendición de cuentas.
Porque una democracia puede conservar elecciones y, al mismo tiempo, perder calidad institucional.
Sócrates tenía una visión y seguramente jamás imaginó que casi 2 siglos y medio después se utiliza ese modelo.
Positivo
Qué bueno que el Gobierno de Baja California ofrece atención especializada a los menores que después de vivir un calvario son detectados en la frontera.
La gobernadora del Estado Marina del Pilar Ávila precisó que desde iniciado el programa Círculo de Protección, la autoridad ha brindado apoyo a un total de 11 mil 281 niñas, niños y adolescentes que han sido detectadas luego de llegar solos a la frontera.
Sin importar su situación o su origen, estos menores reciben atención médica, alimentos, refugio, traslado e inclusive facilidades para acceder a la escuela.
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