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Mujer santuario, el miedo a la deportación detrás de las puertas de una iglesia

hace 2 minutos
3 min de lectura

Por Daniel Lee Vargas

Ciudad de México 24 Octubre 2026.- Cuando una madre tiene que refugiarse en una iglesia para evitar que la deporten y la separen de sus hijos, el problema ya no es solamente migratorio: es una crisis humana que pone en entredicho la justicia de todo un sistema. Ese es el drama de Jeanette Vizguerra, activista mexicana cuya historia inspira Mujer santuario, documental dirigido por Alan Domínguez y producido ejecutivamente por Demián Bichir.

Su caso expone la brutal contradicción de un país que necesita el trabajo de millones de migrantes, pero mantiene a muchos bajo la amenaza de perder su libertad, su hogar y su familia.

En 2017, ante el riesgo de ser deportada, Jeanette se refugió durante 86 días en una iglesia de Denver, Colorado. No buscaba escapar de sus responsabilidades, sino permanecer junto a sus seres queridos y continuar su lucha por los derechos de la comunidad migrante. Su historia volvió a estremecer al país en marzo de 2025, cuando agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) la detuvieron nuevamente. Recuperó la libertad en diciembre de ese año, aunque su situación legal seguía sin una solución definitiva.

Su experiencia revela lo que las cifras y los discursos oficiales suelen ocultar: la deportación no consiste únicamente en cruzar una frontera. Puede significar la ruptura de una familia, la pérdida de años de esfuerzo y el desmantelamiento de una vida construida lejos del país de origen.

Demián Bichir no guardó silencio ante esta realidad. Durante la presentación del documental en el Festival Internacional de Cine de Morelia, denunció los ataques contra los migrantes y afirmó que siguen siendo utilizados como «carne de cañón» por los dos grandes bandos políticos, especialmente cuando se acercan las elecciones.

La acusación es contundente porque señala una práctica que se repite: la migración se convierte en bandera electoral, pero las soluciones de fondo quedan atrapadas entre promesas, confrontaciones partidistas y cálculos políticos. Unos presentan a los migrantes como una amenaza; otros ofrecen defenderlos. Entretanto, las familias siguen expuestas a la incertidumbre y a la posibilidad de una separación que puede cambiar su futuro para siempre.

La contradicción es todavía más evidente frente a la contribución económica de esta población. Millones de migrantes trabajan en la agricultura, la construcción, las fábricas y los servicios, sectores esenciales para el funcionamiento de Estados Unidos. Bichir destacó particularmente la importancia de esa fuerza laboral para California.

Sin embargo, su aportación no garantiza seguridad migratoria. Una persona puede trabajar durante años, pagar sus gastos, criar a sus hijos y contribuir a su comunidad sin saber si podrá permanecer en el lugar que considera su hogar. Esa incertidumbre tiene consecuencias que van mucho más allá de un expediente administrativo.

¿Cómo puede una sociedad beneficiarse del esfuerzo de los migrantes y, al mismo tiempo, permitir que tantas familias vivan bajo el temor de perderlo todo?

No se trata de negar la facultad de un Estado para regular la migración, sino de exigir que sus políticas respeten la dignidad humana, contemplen las consecuencias familiares y garanticen procedimientos justos. La aplicación de la ley no elimina la responsabilidad de evaluar el impacto de las decisiones gubernamentales sobre las personas.

En este contexto, Mujer santuario trasciende la pantalla. La participación de Bichir, quien aceptó sumarse al proyecto tras una invitación de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles, convierte al documental en una herramienta para llevar el debate migratorio más allá de los discursos oficiales. La cámara registra aquello que la retórica política suele dejar fuera: el miedo, la incertidumbre y el costo emocional de vivir bajo la amenaza de una deportación.

Pero visibilizar el problema no basta. México también debe reforzar la asistencia jurídica, la protección consular y el acompañamiento a sus ciudadanos en Estados Unidos. La defensa de los migrantes requiere una respuesta institucional constante, no solamente pronunciamientos cuando un caso alcanza notoriedad pública.

Jeanette Vizguerra convirtió su refugio en una forma de resistencia. Su historia es la de una mujer que se negó a abandonar a su familia y que, en medio de la adversidad, mantuvo su compromiso con una comunidad vulnerable. Sin embargo, ninguna persona debería verse obligada a arriesgar su tranquilidad para demostrar que merece ser escuchada.

Una iglesia puede abrir sus puertas a quien busca protección, pero no debería convertirse en la última defensa de una madre frente al temor de ser separada de sus hijos.

Ningún país puede presumir de libertad mientras una madre tenga que esconderse para permanecer junto a sus hijos.

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