top of page

La sensibilidad no se hereda

hace 2 horas
3 min de lectura

Por C.W. Munguía

19 de septiembre de 2026.- Mi abuela me crio, en parte, dentro de la pobreza. No la cuento como anécdota conmovedora, la cuento porque es la única credencial que necesito para escribir esto: aprendí temprano que la pobreza no es una idea que se debate, es un turno que no se puede faltar. Se checa entrada todos los días, sin excepción, sin vacaciones, sin secretaria que reagende la cita con el hambre.

Por eso cuando escucho a un funcionario de tercera generación hablar de "empatía con el pueblo", no dudo de su sinceridad. Dudo de su instrumento de medición.

No es un alegato histórico. No estoy documentando ocho décadas de corrupción para indignar a nadie; eso ya lo hace, y mejor, cualquier expediente. Lo que quiero señalar es algo más silencioso y más peligroso: una estirpe que nace, crece y gobierna dentro de la misma burbuja no necesita ser corrupta para ser inútil. Le basta con no haber salido nunca.

Tomemos a los Cárdenas, porque es el ejemplo más incómodo, el que no cabe en el molde fácil del villano de telenovela. Lázaro Cárdenas del Río nacionalizó el petróleo. Su hijo Cuauhtémoc fundó la izquierda que se atrevió a decirle no al PRI. Su nieto, Lázaro Cárdenas Batel, gobernó Michoacán y hoy despacha como Jefe de la Oficina de la Presidencia. Tres generaciones, buena fe genuina en cada una de ellas, y sin embargo: tres generaciones que nunca han tenido que preguntarse en qué changarro fiar la quincena. La bondad de las intenciones no es un sustituto de la fricción con la realidad. Se puede heredar el apellido, la vocación, hasta la honestidad, lo que no se hereda es haber tenido que hacer fila en la CONASUPO.

Los Alemán y los De la Madrid son el otro extremo del mismo mecanismo, uno con menos coartada moral. Miguel Alemán Velasco fue senador, gobernador de Veracruz y presidente de Televisa — la misma persona rotando entre el poder público y el aparato que lo narra, como si gobierno y prensa fueran dos turnos del mismo empleado. Enrique de la Madrid dirigió Bancomext y después la Secretaría de Turismo, hijo de un presidente, hoy comentarista en los mismos medios que alguna vez cubrieron a su padre. No hace falta acusarlos de nada ilegal para notar el patrón: la puerta giratoria entre gobierno, banca y televisión no necesita sobornos cuando la familia ya tiene llave de las tres puertas.

Y la lista, si uno quiere seguir tirando del hilo, no termina: los Monreal en Zacatecas, los Del Mazo en el Estado de México, tantos apellidos que uno empieza a sospechar que México no elige gobernantes, hereda administradores.

Aquí está lo que de verdad me preocupa, más que cualquier acusación de corrupción: un hombre o una mujer que nunca ha tenido que calcular si el gas alcanza hasta fin de mes no puede, por más voluntad que tenga, diseñar políticas para quien sí. No por maldad. Por falta de datos. Gobiernan con un mapa que nunca actualizaron con el territorio real, porque nunca caminaron el territorio real. Confunden su burbuja con el país entero porque es la única vista que han tenido.

El cinismo, cuando aparece, es solo el síntoma más visible de esa misma ceguera, no la causa. José López Portillo lo dijo sin pudor cuando nombró a su hijo José Ramón subsecretario de Programación y Presupuesto, con apenas veintiséis años: "el más preparado para el cargo, el orgullo de mi nepotismo". No mentía sobre su cariño. Mentía, o se mentía, sobre lo que significa estar preparado. En su misma administración su hermana dirigió Radio, Televisión y Cinematografía, su primo el instituto del deporte, su amante la Secretaría de Turismo. Un gabinete entero reclutado del mismo círculo, no por conspiración, sino porque, sencillamente, era el único círculo que López Portillo conocía. La frase que hoy suena a chiste cruel no era una confesión de corrupción. Era, sin que él lo supiera, una confesión de aislamiento.

Ese es el patrón que de verdad importa, más que cualquier apellido: el poder que se hereda no solo hereda el cargo, hereda también la burbuja donde ese cargo tiene sentido. Y una burbuja, por definición, es el único lugar del mundo donde uno nunca se entera de que está encerrado.

 
 
 

Comentarios


Entradas recientes
bottom of page