La corbata roja de la traición: El día que Fox sepultó su memoria

Por: Juan Raúl Gil Frías
Tijuana 14 de Septiembre 2026.- El Partido Acción Nacional nació para combatir las décadas de abuso, corrupción e impunidad del priismo. Para miles de mexicanos, el azul representaba la antítesis del rojo. En el año 2000, un personaje con botas, lenguaje deslenguado y tono desafiante capitalizó ese hartazgo histórico: Vicente Fox Quesada. Su promesa de campaña no fue tibia; juró sacar al PRI de Los Pinos, fumigar las ratas del poder a la verdadera mafia del poder y llevar a la cárcel a los malosos que habían saqueado al país durante más de siete décadas. Millones de mexicanos creyeron en el "cambio" y le entregaron la Presidencia de la República.
El desencanto fue inmediato. Ya en el poder, Fox padeció una amnesia conveniente: ni hubo cárceles para los corruptos ni transformación democrática. La historia, sin embargo, le guardaba una degradación aún más grotesca.
Hoy presenciamos el espectáculo final de un hombre sin convicción ni respeto propio. Fox no solo olvidó sus injurias y palabras altisonantes contra el "viejerío" y la "tecnocracia corrupta", sino que caminó sin vergüenza sin convicción, pero sin honor hacia las sedes de su antiguo enemigo para sellar una alianza. El detalle no es menor: reaparece posando con una corbata roja, el color que juró extirpar de la vida pública.
Roja, pero de vergüenza, se habría puesto la cara de los fundadores del PAN si atestiguaran semejante cabaret político. Manuel Gómez Morín y los ideólogos del azul se volverían a morir al ver a su primer presidente de la República arrodillado ante las siglas que definió como la ruina nacional.
Este episodio es un pésimo ejemplo para una juventud que, abrumada por sobrevivir al día a día, observa con desdén la política nacional. Cuando las convicciones se venden al mejor postor y los discursos de justicia terminan anudados en una corbata del color del enemigo, la política deja de ser ideología para convertirse en un simple descaro. Fox no solo se puso el color del PRI; se vistió con el traje del transformismo más cínico de la historia reciente.










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