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Estupideces

  • hace 3 horas
  • 4 min de lectura



Cicuta

Jaime Flores Martínez

Estupideces  

Miércoles 19 de agosto del 2026.- Convencido que la estupidez es mucho más peligrosa que la maldad, el teólogo Dietrich Bonhoeffer se adelantó a los tiempos, pues en 1943 elaboró una radiografía del comportamiento humano ante los gobiernos populistas existentes en el mundo.

¡Y es que “la estupidez” elige obedecer!

El miércoles 22 de abril, el escribiente recordó qué Bonhoeffer resumió que la palabra “estupidez” es la renuncia del individuo a pensar por cuenta propia.

Al principio no concebía que una sociedad pensante y académicamente preparada (como la alemana) le entregara al gobierno (en este caso a Hitler) la totalidad de su juicio.

¡Hasta los más reflexivos se convierten en borregos!

El pastor y teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer llegó a una conclusión tan incómoda como vigente: la estupidez representa un peligro mayor que la maldad.

Tal afirmación pareciera exagerada hasta que la historia ofrece sus pruebas. La maldad suele identificarse, enfrentarse y castigarse, mientras que la estupidez se disfraza de virtud, patriotismo, lealtad o compromiso social.

Bonhoeffer no describió al “estúpido” como alguien con pocas capacidades intelectuales, sino de un individuo que renuncia —de manera deliberada— a pensar por cuenta propia.

Ese abandono del juicio crítico ocurre en el momento que una persona entrega su criterio a un líder, un partido o una ideología a cambio de una sensación de pertenencia.

Este teólogo —en ese momento— aludía a millones de alemanes inteligentes que apoyaban a Hitler.

Ubicados en la actualidad, Cicuta aludirá a América Latina pues ofrece un laboratorio casi perfecto para observar ese fenómeno. Durante las últimas décadas, el continente ha depositado su destino en caudillos que prometieron justicia social, igualdad, soberanía y una guerra sin cuartel contra las élites, aunque el resultado está a la vista.

Como el ejemplo más emblemático, Venezuela constituiría también el caso más dramático.

Hugo Chávez construyó un culto a la personalidad que Nicolás Maduro convirtió en un régimen autoritario. Millones de venezolanos huyeron de su país y la economía quedó devastada. La pobreza alcanzó niveles históricos y —aún así—existe un sector todavía dispuesto a justificar lo injustificable.

Nicaragua siguió un camino similar pues Daniel Ortega pasó de revolucionario a autócrata.

Hoy Ortega encarcela opositores, expulsa sacerdotes, persigue periodistas y destruye cualquier vestigio de pluralidad política.

Cuba lleva más de seis décadas bajo un sistema que prometió igualdad y terminó por repartir escasez y pobreza.

Habrá que subrayar que ese fenómeno no pertenece únicamente a la izquierda pues el populismo cambia de uniforme según la geografía y las circunstancias.

Sin embargo, la constante siempre resulta prácticamente la misma: un líder que se presenta como el único intérprete de la voluntad popular, un enemigo permanente al cual culpar de todos los males y una sociedad en su mayoría dispuesta a sustituir “el pensamiento por la obediencia”.

México tampoco escapa a esa tentación pues el discurso oficial divide al país entre “buenos y malos”, “patriotas y traidores”, “pueblo y adversarios”.

La crítica se etiqueta como conspiración, mientras que la evidencia se convierte en propaganda del enemigo. Está claro que las instituciones que limitan el poder se presentan como obstáculos para la transformación.

Debe añadirse que el debate público pierde profundidad porque la consigna reemplaza al argumento.

Aquí habrá que precisar que el problema no radica en simpatizar con un partido político, sino insistir que la democracia necesita diversidad de ideas.

El verdadero riesgo aparece cuando la identidad partidista ocupa el lugar de la conciencia individual, pues —en ese caso— los datos dejan de importar.

Los errores se justifican y las contradicciones se celebran. Además de ello, la corrupción recibe explicaciones creativas y el fracaso económico se vende como éxito histórico. También la inseguridad, México es el mejor ejemplo, se disfraza de percepción.

Bonhoeffer comprendió que el estúpido no acepta argumentos porque ya no razona sino defiende ideas ajenas con una pasión casi religiosa.

Su espiritualidad le dicta que reconocer un error implicaría perder el refugio emocional que proporciona el grupo. La presión colectiva resulta mucho más poderosa que la evidencia.

Por eso la estupidez voluntaria suele instalarse entre personas preparadas, profesionistas, empresarios, académicos o funcionarios. La inteligencia no es vacuna contra el fanatismo.

En ocasiones incluso lo fortalece, porque el conocimiento sirve para construir justificaciones más sofisticadas en favor de una mentira.

Los populistas conocen esa debilidad humana. Alimentan emociones antes que razones y ofrecen culpables antes que soluciones.

Cualquier similitud no es —pues— coincidencia.

Positivo

Qué bueno que los legisladores bajacalifornianos enviaron un exhorto hace unos días a la Secretaría de infraestructura, Desarrollo Urbano y Reordenación Territorial (SIDURT), para brindar certeza jurídica, a más de 400 familias del municipio de Rosarito, que requieren la regularización de sus predios.

 

Y aunque este exhorto representa una esperanza para esas familias, la realidad es que son decenas de miles las que requieren la regularización de sus predios en todo el Estado de Baja California

Por eso, vale la pena resaltar la labor de los legisladores locales.

Son muchísimas las familias bajacalifornianas que viven en la incertidumbre jurídica y que requieren regularizar su patrimonio.

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