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El día en que el cielo se oscureció en Tijuana

Cicuta News - Crónicas de la Pandemia - 15/07/2020

Por: Sergio Conti


El día en que el cielo se oscureció en Tijuana

Te acuerdas amor que yo te decía que me sentía mal, rara, no le encontraba el gusto a los tacos de frijoles y arroz que era lo que podíamos comer después de pagar la renta, la luz, el agua, el teléfono y el cable para que los niños vieran sus monitos cuando se quedaban solos porque debíamos trabajar los dos.

Habíamos llegado con tanta ilusión desde Oaxaca, nuestro primo nos iba a ayudar a cruzar al otro lado. Fracasamos tres veces y al fin decidimos que Tijuana sería un buen lugar para que nazca nuestro primer hijo, ya se me notaba la pancita.

Hicimos nuestra casita con cartón y chapas a la orilla de las vías, nos colgamos de un diablito para tener luz y conseguiste un tambo para juntar el agua. Hacía mucho frio en diciembre y mucho calor en agosto, pero creíamos que era nuestro hogar.

Hoy es Julio del 2020, tu manejabas un camión para llevar a los empleados de la Sanyo. Yó conseguí trabajo en la Samsung, el manager nos trata de la patada y dice que nos puede correr cuando él quiera, así que hay que hacerle sus caprichos. Algunas veces que se lleva a algunas empleadas a su oficina desde donde nos vigila.

Me levanto a las 5:00 de la mañana para entrar a las 7:00 am y sigo derecho hasta las 5:00 de la tarde, cuando tengo suerte llego a la 7:00 pm a mi casa para ver a mis hijos que le pido a mi vecina que le eche un ojo.

¿Qué cuánto ganamos? después de los descuentos y el Infonavit me quedan $ 950.00 a la semana y mi esposo algo similar.

La verdad que no podemos ahorrar nada, pero no tenemos estudios, mi papá dijo que no era necesario que yo estudiara más allá de la escuela primaria y a mi esposo lo saco de la escuela su papá para que le ayudara en la cosecha.

Pero a veces pienso que estudiar no sirve de nada. La encargada de la entrada dice que es Licenciada en comunicación y apenas le pagan $ 1500.00 pesos a la semana.

A pesar de los problemas, me gustaba ir al Parque Morelos con mi familia los domingos, jugar con los niños, aunque a veces me dolía no poder comprarle las golosinas que ellos querían, volvíamos tarde a la casa, yo a preparar el lonche para el lunes.

No entiendo lo que sucedió, escuche al presidente López Obrador decir que los que no estuviéramos en maquiladoras cuyo trabajo fueran indispensable debían dejar de trabajar por tres semanas.

Alguien le pregunto a nuestro delegado sindical- parte de nuestro sueldo, es para pagar la cuota del sindicato- y él dijo que no sabía nada y que había que seguir trabajando.

Un día no vino a trabajar Dona ‘’Trini’’, ella llevaba como 30 años en la empresa y aunque tenía diabetes sabíamos que no se cuidaba con las comidas. Cuando hablaba con ella me decía que de todas maneras se iba a morir y que no le alcanzaba el sueldo para comprar verduras y la insulina que le receto un buen doctor de diabetes que la atendió gratis en la zona Rio.

Se comenzó a correr la voz de que más de 10 personas de la maquiladora se habían enfermado de Covid-19 pero el del sindicato siempre dijo que no era cierto y que nuestra tarea era indispensable.

¿Indispensable ensamblar televisores para enviarlos a USA? ¡Pensé yo! pero me quedé callada porque había escuchado que en otras maquiladoras estaban despidiendo a los que pedían por sus derechos.

Un día llegue a casa y José estaba tirado en la cama, con fiebre, sus labios morados, le pregunte

¿Qué te pasaba? me dijo que se sentía mal hace una semana pero que su jefe le dijo que, si dejaba de trabajar, el dejaba de pagarle.

Pero hoy ya no pudo más. Pidió a su vecina que llamara un taxi, busco la credencial del IMSS y se fue a la Clínica 20 que era el hospital que le tocaba.

Llevaba pagando más de 10 años al IMSS y nunca habían necesitado de sus servicios. La señorita que los atendió, les trato muy mal, le hizo sentir que ya no querían más pacientes como ellos.

Cuando miró a la sala de espera, se asustó, había mas de 30 personas, algunas parecían que no respiraban, pero no había ni médicos, ni enfermeras para atenderlos. le dijeron que los iban a derivar a la Clínica 7 donde sucedió algo parecido hasta que los enviaron de nuevo al Hospital

General.

En cada traslado ella debía dar algo de dinero a los de la ambulancia de la Cruz Roja para que le hicieran el favor.

Eran las cuatro de la mañana cuando al fin sentaron a su esposo en un viejo sillón, momentos después llego una enfermera a colocarle suero, después de cinco intentos por fin pudieron encontrarle una vena para la venoclisis y otra enfermera le coloco una máscara con oxígeno, para ese momento su esposo ya no le respondía.

No apareció ni un médico que lo evaluara, mientras recordaba tantas cosas que compartimos en esos diez años juntos, él era trabajador, siempre le había dicho que me quería y a sus hijos.

Había engordado mucho los últimos años, se la pasaba sentado en el camión como 12 horas con muy poco descanso y con los peligros de que se le rompieran los frenos del camión, el patrón nunca reparaba ya decía José que quería que le quedara más y más ganancias.

De repente, se dio cuenta que José ya no respiraba, ¡se habría muerto, pensó fue un momento similar al de esas escenas de la televisión donde la esposa llora cuando su esposo se muere, lloraba despacito pidiéndole a Dios que cuidara de su marido, no sabía qué hacer, ya que José tomaba todas las decisiones de la familia.

Se acercó una enfermera que le tomo el pulso al cadáver de su esposo y le cerró los ojos, me dieron ganas de abrazarlo, pero no se podía, son tiempos de pandemia.

Cuando la mujer volvió a casa se dio cuenta de que sus vecinos la miraban de reojo y murmuraban, ahora era una más de las viudas del Covid. Su vecina llamo a la funeraria Gayoso le dijeron que porque entendían su situación le cobrarían solo $ 10,000 pesos el sepelio y ella pensó que de donde obtendría el dinero.

Pensó que el IMSS tenía un seguro por muerte y los fue al hospital para preguntar. Le dijeron que su esposo no tenía cobertura del IMSS, su patrón nunca había pagado la cuota al seguro.

De inmediato fue a ver al patrón de José y le dijo que nunca había tenido un contrato de trabajo, porque él, le hacía un favor en darle trabajo.

Al final sus vecinos realizaron una colecta en el vecindario y consiguieron los 10,000 pesos, mientras sus hijos todavía no entienden que no van a ver a su padre nunca más.

Ella regreso a la maquiladora después de los tres días por duelo que le dieron, después del velorio comenzó a sentir que la cabeza le dolía, tiene tos y mucho miedo. Sus hijos tienen 5 y 7 años quien los va a cuidar si le pasa algo a ella.

Fue a ver al representante del sindicato de la maquiladora y le pidió que le dejen estar en su casa por dos semanas y que le hagan la prueba de Covid 19, ya que sentía mucho miedo.

El sindicalista fue a hablar con el manager que estaba reunido con un tal Kurt Honold de quien se dice que tiene varias maquiladoras en Mesa de Otay.

Cuando volvió le dijo que lo sentía pero que el manager fue enfático, no trabaja, no cobra y puede ser despedida inmediatamente.

Cuando termino su turno sintiéndose muy mal volvió a su casa. Sus hijos extrañaban a su padre.

Se empezó a sentir muy mal, se acostó en la cama, estaba mareada y con fiebre y nacías, pensó que algo malo le está pasando, le costana mucho respirar y allí comenzó a llorar, con un llanto que le salía del alma, el dolor de saber que sus hijos se iban a quedar solos y que tal vez nadie iba a cuidar de ellos, quedarían solos en un lugar peligroso y tal vez iban a terminar en manos de personas muy malas que abusarían de sus hijitos.

Por favor Dios lloraba y sentía que la respiración y la vida se estaban extinguiendo. El sufrimiento de una madre en ese momento no le importaba nada a Kurth Honold que con el gobernador Jaime Bonilla Valdez brindaban con champagne en una de las residencias Fimbres estaban celebrando el hecho de que las maquiladoras todavía seguían funcionando como siempre en Tijuana


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