Ciudadanía sin fronteras: la democracia mexicana se juega también en el exterior
- Cicuta Noticias

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Por Daniel Lee Vargas
Organizaciones y colectivos en EU impulsan Declaración de Principios por los Derechos Políticos de las Personas Mexicanas en el Extranjero
Ciudad de México 24 Enero 2026.- México está ante una oportunidad histórica: corregir una deuda democrática largamente postergada con millones de connacionales que, desde el extranjero, siguen sosteniendo, defendiendo y transformando a la nación. La Declaración de Principios por los Derechos Políticos de las Personas Mexicanas en el Extranjero no es una proclama retórica ni un gesto simbólico; es un llamado firme, plural y ciudadano para reconocer, por fin, que la democracia mexicana no termina en sus límites territoriales.
En un país cuya historia está marcada por la migración, resulta paradójico que quienes han contribuido de manera decisiva al desarrollo económico, social y cultural de México sigan siendo tratados como ciudadanos de segunda categoría en materia política.
Más de once millones de mexicanas y mexicanos viven fuera del país, principalmente en Estados Unidos, y continúan participando activamente en la vida nacional: envían remesas, sostienen comunidades enteras, impulsan proyectos productivos, defienden derechos humanos y construyen puentes binacionales. Sin embargo, el ejercicio pleno de sus derechos políticos permanece limitado, condicionado y, en muchos casos, administrado como una concesión temporal.
La Declaración de Principios surge en un momento clave: el proceso de reforma electoral en curso. Su carácter plural, no partidista y ciudadano le otorga legitimidad. No pertenece a una organización ni busca imponer una agenda particular; es el resultado de años de diálogo, organización comunitaria, reflexión académica y participación cívica. Migrantes organizados, liderazgos sociales, organizaciones civiles, académicos, investigadores y representantes legislativos han contribuido a construir un documento que ordena diagnósticos, articula propuestas y fija una ruta clara hacia el reconocimiento pleno de los derechos políticos de quienes viven fuera del territorio nacional.
El planteamiento es contundente: México es una nación sin fronteras. La ciudadanía no se pierde por cruzar una línea geográfica. La pertenencia política no se diluye con la distancia. Por el contrario, la experiencia migrante ha configurado una ciudadanía binacional que fortalece la vida democrática del país. Reconocerla no es una concesión generosa del Estado; es una obligación constitucional y un mandato de los estándares internacionales de derechos humanos.
La Declaración establece principios claros y progresivos. Afirma la ciudadanía política plena, el derecho a tener derechos, la necesidad de garantizar condiciones reales para ejercerlos y la urgencia de avanzar más allá del voto simbólico. Porque votar sin representación efectiva es participar sin poder. Una democracia que excluye a millones de ciudadanos del acceso a cargos de elección popular es una democracia incompleta.
Por ello, el documento plantea con precisión la necesidad de representación política auténtica, directa y autónoma para las comunidades migrantes. Propone un mínimo de diez diputaciones y dos senadurías para representar a las personas mexicanas residentes en el extranjero, con mecanismos que permitan candidaturas no partidistas y elección directa. No se trata de cuotas decorativas, sino de garantizar voz y voto en las decisiones que afectan al país que siguen habitando, aunque sea desde otros territorios.
La participación política de las comunidades migrantes no se limita al sufragio. Se expresa en la organización comunitaria, en la defensa de derechos laborales y humanos, en la incidencia pública y en la construcción de agendas binacionales. Esa ciudadanía activa ha sostenido a México en momentos críticos. Hoy exige reconocimiento institucional.
Además, la Declaración coloca el debate en su contexto real: un mundo marcado por discursos de xenofobia, criminalización y exclusión. Frente a ello, la respuesta democrática es la unidad. Defender los derechos políticos de los mexicanos en el extranjero es también defender la dignidad nacional. Es rechazar la idea de que la migración resta pertenencia. Es afirmar que la migración construye nación.
La reforma electoral que México discute no puede ser técnica ni cosmética. Debe ser estructural y de justicia social. Debe adecuar a las instituciones electorales a una realidad transnacional. Debe garantizar procedimientos accesibles, información suficiente, mecanismos permanentes y representación efectiva. Y, sobre todo, debe reconocer que sin derechos políticos plenos para los mexicanos en el extranjero, no hay democracia completa.
La Declaración de Principios no busca sustituir a nadie ni imponer consensos artificiales. Busca abrir el debate público con seriedad, con fundamento jurídico, con perspectiva de derechos y con visión de futuro. Su fuerza radica en la acumulación colectiva de voces que, durante décadas, han exigido ser escuchadas.
México no puede seguir postergando este reconocimiento. La democracia se vacía cuando excluye. Se fortalece cuando integra. Hoy, el país tiene la oportunidad de mirarse en su totalidad, de reconocerse transnacional, de asumir que su ciudadanía se ejerce en múltiples territorios. Reconocer los derechos políticos de quienes viven fuera no divide a la nación: la completa.
La historia juzgará esta reforma. Y también juzgará si México estuvo a la altura de su propia realidad. Porque la patria no termina en la frontera. Y la democracia tampoco.
Sin derechos políticos para los mexicanos en el extranjero, no hay democracia. Con ellos, hay futuro.
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