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Doñita

  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura



Cicuta

Jaime Flores Martínez

Doñita 

Viernes 13 de marzo del 2026.- Desconcertada porque hasta hoy nadie se ha dirigido a la presidenta Claudia Sheinbaum como “la señora Tarriba”, aquella doñita supone que la justificación podría ser “que es tiempo de mujeres”.

Y aunque en México la forma suele pesar más que el fondo, surge una pregunta que parece menor pero no lo es tanto: ¿sería irrespetuoso llamar a la presidenta Claudia Sheinbaum “señora Tarriba”?

La respuesta corta puede ser “si”, aunque habrá que referir un poco de contexto.

A diferencia de otras tradiciones hispanas, en este país la ley no obliga a las mujeres a adoptar el apellido del esposo.

El Código Civil no impone esa práctica. Es una costumbre social, no un mandato jurídico.

Desde hace muchas décadas la tendencia de la mujer mexicana es conservar el apellido de nacimiento como una afirmación de identidad profesional y de autonomía.

La señora Sheinbaum nunca fue “Sheinbaum de Imaz” ni tampoco Claudia Imaz, aunque estuvo casada con Arturo Imaz.

Tampoco ha adoptado públicamente el apellido de su actual esposo, Jesús María Tarriba Unger. La propia presidenta ha informado que contrajo matrimonio con Tarriba en noviembre de 2023, en momentos que ya era la virtual candidata presidencial de Morena y no hubo cambio de nombre.

Entonces, llamarla “señora Tarriba” no sería un gesto de protocolo, sino podría ser tomado como una provocación.

Una frase común señala que el nombre público de una figura política no es un capricho: es su identidad institucional.

Recordar que en la boleta electoral que la llevó al poder se identificó como Claudia Sheinbaum Pardo y así rindió protesta y así firma decretos.

También así está inscrita en la historia oficial. Alterar ese nombre bajo el argumento de una “costumbre matrimonial” (o una tradición) implicaría reducir a la presidenta a una categoría marginalmente conyugal.

Y ahí es donde la crítica se vuelve inevitable.

¿De verdad, en 2026, el debate podría ser si la titular del Poder Ejecutivo debería portar el apellido de su marido? ¿Volveremos a la marca de pertenencia? ¿La investidura presidencial ahora dependería del acta de matrimonio?

Quienes sugieren llamarla “Tarriba” bajo la excusa de la tradición olvidan algo elemental: la tradición nunca fue obligatoria y siempre fue asimétrica.

Aunque suene absurdo nadie llamó a Andrés Manuel López Obrador “señor Gutiérrez” por su esposa Beatriz Gutiérrez.

Nadie pretendió rebautizar a un presidente varón por razones maritales. El apellido masculino siempre fue intocable; el femenino, intercambiable.

La verdadera falta de respeto no estaría en pronunciar “Tarriba”, sino en hacerlo con la intención de disminuir, ironizar o insinuar subordinación.

La doñita en cuestión, pues, debe saberlo.

Positivo

Qué bueno que la diputada bajacaliforniana Alejandrina Corral Quintero busca reformar la Constitución del Estado para precisar responsabilidades en materia de seguridad pública.

No hay duda que existen ambigüedades en los ámbitos de competencia entre las corporaciones policiacas de los tres niveles de gobierno.

La iniciativa de esta diputada debe ser analizada con seriedad, responsabilidad y respeto.

Subrayar que la seguridad de la sociedad es prioridad.

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