"Caminan entre nosotros", cuando la propaganda convierte a los migrantes en el enemigo
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Por Daniel Lee Vargas
Ciudad de México 19 Junio 2026.- Por décadas, Hollywood ha presentado a Estados Unidos como el último bastión frente a invasiones extraterrestres. Esa misma estética es retomada ahora por el gobierno estadounidense para trasladar el miedo al terreno migratorio. La frontera deja de entenderse como un desafío económico, laboral o humanitario y se transforma en el escenario de una batalla entre quienes "protegen" al país y quienes supuestamente buscan infiltrarse para ponerlo en riesgo.
En este contexto, la administración del presidente Donald Trump volvió a colocar la migración en el centro del debate político estadounidense, pero esta vez recurrió a una estrategia inédita desde una plataforma oficial de la Casa Blanca.
El efecto más preocupante de esta narrativa es la deshumanización. Cuando una persona deja de ser vista como trabajador, estudiante, padre, madre o solicitante de asilo, resulta mucho más sencillo justificar políticas de excepción. Las deportaciones masivas, las detenciones prolongadas, la separación de familias y la restricción de derechos encuentran mayor aceptación cuando el destinatario deja de percibirse como un semejante.
Fue desde finales de mayo que el sitio "Aliens", se lanzó como una página gubernamental utilizando imágenes, lenguaje y referencias propias del cine de ciencia ficción para equiparar a los inmigrantes indocumentados con seres extraterrestres que representan una amenaza para Estados Unidos. El portal incluye estadísticas de detenciones, información sobre nacionalidades y un llamado a la ciudadanía para denunciar ante el ICE la presencia de extranjeros, bajo la narrativa de una supuesta "invasión" que ocurre "al amparo de la oscuridad".
Más que una herramienta informativa, la página constituye una campaña de comunicación política cuidadosamente diseñada para moldear la percepción pública. Aprovecha el doble significado de la palabra alien —extranjero y extraterrestre en inglés— para construir una narrativa de "ellos contra nosotros", donde la persona migrante deja de ser un ser humano con derechos para convertirse en un enemigo que debe ser identificado, denunciado y expulsado.
Al mismo tiempo, el discurso fortalece la idea de un Estado protector frente a una amenaza permanente. La ciudadanía es invitada a vigilar y denunciar; el vecino pasa a ser un posible sospechoso y la diversidad comienza a interpretarse como un riesgo para la seguridad nacional. El miedo sustituye a la convivencia y la sospecha reemplaza a la confianza social.
La campaña también simplifica deliberadamente un fenómeno profundamente complejo. Bajo la etiqueta de aliens desaparecen las diferencias entre jornaleros agrícolas, trabajadores de la construcción, estudiantes, refugiados, mujeres, niñas, niños o personas que huyeron de la violencia. Todos quedan reducidos a una sola categoría: la del invasor.
Esa simplificación oculta una realidad incuestionable: millones de migrantes sostienen sectores esenciales de la economía estadounidense. Agricultura, construcción, hotelería, procesamiento de alimentos, transporte y cuidado de personas mayores dependen, en gran medida, de una fuerza laboral migrante. Sin embargo, esa aportación desaparece del discurso oficial para privilegiar una narrativa basada casi exclusivamente en el delito y la inseguridad.
Diversas #OrganizacionesdeMigrantes mexicanos y defensoras de derechos humanos han advertido que este tipo de mensajes institucionales alimentan un clima de hostilidad y criminalización. Coaliciones integradas por cientos de organizaciones civiles en México y Estados Unidos han denunciado que las políticas migratorias de la administración Trump fomentan el miedo, la persecución y la estigmatización de comunidades enteras, incluso de personas con protección legal.
En el mismo sentido, organizaciones como #FuerzaMigrante han insistido en que el lenguaje utilizado desde el gobierno tiene consecuencias directas sobre la vida cotidiana de millones de mexicanos en Estados Unidos. Convertir al migrante en sinónimo de amenaza no solo incrementa la discriminación, sino que legitima actos de odio, abuso y exclusión.
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