Alguien miente
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Jaime Flores Martínez
Viernes 20 de febrero del 2026.- La disputa no es menor ni anecdótica. Es un pleito de poder, memoria y reputación entre dos hombres que despacharon en el corazón del obradorismo Julio Scherer Ibarra y Jesús Ramírez Cuevas.
El primero despachó como consejero jurídico de la Presidencia y el segundo como vocero y operador político durante todo el sexenio de Andrés Manuel López Obrador.
El motivo del choque: Sergio Carmona Angulo (el rey del huachicol), el empresario tamaulipeco que fue asesinado en noviembre del 2021 y quien desde su ejecución fue señalado por presuntos vínculos con redes de contrabando de combustibles y financiamiento político.
En su libro “Ni venganza ni perdón” Scherer suelta una bomba pues asegura que Jesús Ramírez sentó a Carmona con el Presidente. Este viernes el periódico el País revela una entrevista donde Ramírez lo niega tajante.
Dice que es falso. Que nunca ocurrió. Que conoció el nombre de Carmona hasta que lo mataron.
La palabra de uno contra la del otro y —en medio— un personaje muerto que ya no puede confirmar ni desmentir
El contexto incómodo es que Carmona no fue un fantasma marginal. Su nombre apareció en investigaciones ministeriales y en versiones periodísticas que lo vincularon con financiamiento electoral.
El apodo de “el rey del Huachicol” surgió por casualidad.
“Huachicol fiscal” y tráfico de combustibles importados fueron parte del expediente mediático que lo rodeó antes y después de su asesinato.
Si alguien lo presentó ante el Presidente, no sería un dato trivial sino “dinamita política”.
¿Qué gana Scherer?
Scherer salió del gobierno en medio de fracturas internas. Su relación con el círculo duro se deterioró. En su libro, más que memorias, parece ajuste de cuentas. Eso le resta objetividad. No es un testigo neutral. Tiene agravios.
Pero también tenía acceso. Fue consejero jurídico. No era un asesor periférico. Estaba en el cuarto de máquinas. Su cercanía al despacho presidencial le daba visibilidad sobre reuniones sensibles.
No es, de ninguna manera, un improvisado. No necesita inventar nombres para vender ejemplares. El riesgo legal y político de señalar directamente al vocero presidencial es alto. Si miente, lo hace con cálculo temerario.
¿Qué defiende Ramírez Cuevas?
Ramírez protege algo más que su reputación personal. Defiende la narrativa histórica del lopezobradorismo: la de un gobierno que combatió el huachicol y erradicó la corrupción estructural del régimen anterior. Aceptar que un personaje ligado al contrabando fue presentado al Presidente sería dinamitar esa narrativa.
Su negación es tajante. Sin matices. Eso habla de seguridad… o de necesidad política.
Durante el sexenio Ramírez Cuevas fue el arquitecto del discurso oficial. Controló agenda, mensajes, crisis. No era un espectador. Si alguien podía filtrar o bloquear accesos, era él.
Credibilidad: ¿quién pesa más?
Scherer tiene el incentivo del resentimiento, pero también el respaldo de su posición institucional pasada y Ramírez tiene el incentivo de la protección política y la defensa del legado.
Uno escribe desde fuera del poder. El otro responde desde la trinchera del movimiento que aún gobierna.
Hay un detalle relevante: Scherer hace una afirmación concreta. Ramírez la niega sin aportar elementos verificables que desmonten el señalamiento más allá del desmentido. En un conflicto así, la carga probatoria pesa sobre quien acusa. Pero el silencio documental también pesa sobre quien niega.
Si la reunión existió, debió dejar registro en bitácoras, agendas, controles de acceso. Si no existió, la desmentida podría acompañarse de evidencia administrativa. Hasta ahora, el debate es declarativo.
El fondo del pleito
Esto no es un simple choque de egos. Es la disputa por el relato del sexenio de Andrés Manuel López Obrador. Es la pelea por quién cuenta la historia y con qué manchas.
Cuando dos ex integrantes del primer círculo presidencial se contradicen de forma tan frontal, el mensaje es claro: la unidad monolítica del obradorismo fue más fachada que realidad.
Al final, el gran ausente es Carmona. Muerto a balazos en 2021, convertido en símbolo incómodo del dinero oscuro que ronda la política mexicana. Su nombre regresa ahora no por sus negocios, sino por lo que revela sobre las grietas internas del poder.
En esta pugna nadie sale intacto. Si Scherer exagera, entonces confirma que las memorias políticas en México son armas arrojadizas. Si Ramírez oculta, demuestra que la transparencia termina donde empieza la lealtad.
La pregunta no es solo quién dice la verdad sino quién miente.










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