Pedro Haces en EU. Diplomacia sindical, discursos cómodos y una deuda pendiente con los migrantes mexicanos
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Por Daniel Lee Vargas
Ciudad de México, 22 de mayo 2026.- Mientras millones de trabajadores mexicanos en Estados Unidos enfrentan redadas, precarización laboral y un clima político cada vez más hostil, el dirigente de la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México, Pedro Haces Barba, realizó una gira por Washington, Oklahoma y Houston bajo un discurso centrado más en inversión extranjera y cooperación económica. Lejos quedó, promover realmente el diálogo político y brindar apoyo a la comunidad migrante mexicana en la Unión Americana.
El problema no fue el viaje. El problema fue la tibieza, para con este último propósito.
En un momento donde los migrantes mexicanos necesitan una defensa firme y políticamente incómoda, predominó una narrativa diseñada para no confrontar al poder económico ni al aparato político estadounidense. Hubo reuniones, fotografías institucionales y discursos sobre negocios, pero poca denuncia sobre las condiciones reales que viven millones de trabajadores mexicanos.
Y esa diferencia importa. Hoy el migrante no necesita únicamente mesas de diálogo ni discursos diplomáticos. Necesita sindicatos capaces de denunciar abusos laborales, explotación salarial, persecuciones migratorias y condiciones precarias que continúan afectando particularmente a trabajadores bajo esquemas como las visas H-2A y H-2B.
Organizaciones migrantes binacionales como la Red de Mujeres Sindicalistas criticaron a Pedro Haces Barba por su agenda migratoria en Estados Unidos, y consideran insuficiente la postura de la CATEM frente a problemas como: abusos contra trabajadores H-2A y H-2B, criminalización migratoria, falta de defensa jurídica transfronteriza, y subordinación del discurso sindical a intereses empresariales.
En tanto sectores sindicales, colectivos laborales y voces críticas cuestionaron su cercanía empresarial como el modelo de sindicalismo que representa.
Mientras los discursos hablaban de inversión y oportunidades económicas, quedaron ausentes posicionamientos contundentes contra las políticas antiinmigrantes, los abusos patronales y la criminalización de trabajadores indocumentados.
Ahí surge la principal contradicción. El sindicalismo nació para defender trabajadores, no para administrar relaciones públicas empresariales. Y cuando el mensaje se concentra más en generar confianza para inversionistas que en confrontar injusticias laborales, el riesgo es reducir nuevamente al migrante a simple mano de obra funcional y reemplazable.
Eso explica por qué muchos trabajadores observan con distancia a ciertos liderazgos sindicales mexicanos. Perciben estructuras más preocupadas por construir cercanía política y empresarial que por encabezar luchas reales de defensa laboral internacional.
La migración mexicana atraviesa uno de sus momentos más complejos en años. Frente a ello, el sindicalismo mexicano tiene una oportunidad histórica: convertirse en una verdadera fuerza binacional de protección laboral y defensa comunitaria.
Pero eso exige mucho más que reuniones diplomáticas. Exige presión política, exige presencia jurídica, y denunciar públicamente abusos patronales. Exige incomodar...
El problema no es dialogar con empresarios estadounidenses. El problema es hacerlo sin cuestionar un modelo económico que durante décadas se ha beneficiado de trabajadores mexicanos baratos, vulnerables y fácilmente reemplazables.
La gran pregunta es si líderes sindicales como Pedro Haces están dispuestos a asumir el costo político de confrontar esa realidad o si su papel terminará limitado a administrar encuentros cuidadosamente calculados para no alterar demasiado el equilibrio entre negocios, diplomacia y poder. Porque la historia del sindicalismo no se construyó para quedar bien con todos. Se construyó para defender trabajadores.
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