top of page

Paisanos en EU, entre la precariedad laboral y la asfixia económica

  • Foto del escritor: Cicuta Noticias
    Cicuta Noticias
  • hace 2 días
  • 4 Min. de lectura

ree

Por Daniel Lee Vargas

Ciudad de México, 27 de noviembre 2025.- Aunque la narrativa insista en que la economía en EU se fortalece con la mano de obra migrante, la realidad cotidiana de millones de mexicanos que viven y trabajan en ese país evidencia otras realidades: persisten condiciones laborales profundamente precarias, acompañadas de una crisis de vivienda que se ha convertido en un nuevo factor de vulnerabilidad económica y social.

La combinación de ambos fenómenos—explotación laboral y sobrecosto habitacional—opera como un mecanismo de presión silencioso que condiciona vidas enteras, moldea patrones de movilidad y mantiene a una parte significativa de la comunidad mexicana en un estado de fragilidad estructural.

Estimado lector: muchos de nosotros nos llegamos a imaginar a los paisanos triunfadores del otro lado de la frontera, capaces de enviar sus dolaritos a su familia a la que tuvieron que dejar en busca de mejores oportunidades. Sin embargo, estamos lejos de conocer bien a

Nuestros paisanos en Estados Unidos concentran algunos de los índices más altos de salarios bajos, inestabilidad laboral y ausencia de representación sindical real. Aunque representan la columna vertebral de sectores productivos estratégicos—construcción, agricultura, mantenimiento, procesamiento de alimentos, servicios y manufactura—sus derechos laborales siguen dependiendo más del azar que de la ley.

En términos salariales, los mexicanos permanecen estancados en escalas inferiores incluso dentro de los propios segmentos de trabajadores migrantes. La segregación racial y étnica en el mercado laboral estadounidense no es un fenómeno simbólico: se traduce directamente en remuneraciones menores, jornadas más largas y condiciones más riesgosas. De hecho, los empleos con mayor participación de mano de obra mexicana tienden a ser los más propensos a accidentes graves, amputaciones, intoxicaciones, lesiones por maquinaria pesada o exposición a químicos.

Pero el problema más corrosivo no es solo económico: es la incapacidad de los trabajadores para defenderse. La representación sindical, cuando existe, suele estar fragmentada, cooptada o diseñada para ofrecer beneficios mínimos. La ausencia de organizaciones fuertes deja a los trabajadores mexicanos en una situación de vulnerabilidad crónica, donde cualquier intento de reclamar derechos básicos—horas extra impagas, descansos obligatorios, equipo de protección o compensación por accidentes—se enfrenta a la amenaza más efectiva del empleador: “Te voy a reportar a ICE”.

Esta frase, repetida como un arma cotidiana en bodegas, campos agrícolas, restaurantes, constructoras y hoteles, ha sustituido a modelos más clásicos de coerción laboral. La deportación se convierte así en un instrumento patronal de control disciplinario, un recordatorio permanente de que la precariedad migratoria está directamente conectada con la explotación laboral. Aunque legalmente es una práctica prohibida, en la realidad opera con impunidad, aprovechándose del miedo, del desconocimiento de los procesos migratorios y de la falta de asesoría jurídica accesible.

Este uso intimidatorio de la amenaza migratoria crea un círculo vicioso: trabajadores con miedo no denuncian, y la ausencia de denuncias reproduce la impunidad empresarial. A nivel internacional, este fenómeno se ha descrito como “precarización inducida por estatus”, en el que la condición migratoria se convierte en un determinante estructural de explotación.

La otra crisis: la vivienda como nuevo factor de vulnerabilidad económica

A la explotación laboral se le suma un fenómeno que ha escalado silenciosamente en la última década: la crisis de vivienda que golpea con fuerza desproporcionada a los migrantes mexicanos. Estados como California, Texas, Nevada y Nueva York, donde se concentra gran parte de esta población, han visto aumentos dramáticos en el costo de rentas, servicios y transporte, creando un escenario insostenible para familias que ya cargan con salarios reducidos.

En California—especialmente en Los Ángeles, San Diego y el norte del estado—las rentas se han disparado al grado de que familias mexicanas que llevaban décadas asentadas han sido empujadas a zonas periféricas, perdiendo acceso a trabajos estables y redes comunitarias. La renta promedio supera por mucho el salario neto mensual de trabajadores en agricultura, construcción o limpieza industrial. Esto ha provocado el retorno de una práctica que se creía superada: el hacinamiento multigeneracional, donde tres o cuatro familias comparten un solo departamento para dividir gastos.

En Texas, el fenómeno adopta otra forma: desarrollos habitacionales que inicialmente parecían accesibles se han encarecido abruptamente por la expansión urbana alrededor de Houston, Dallas y Austin. Muchos trabajadores mexicanos han sido expulsados de estas áreas hacia condados lejanos, generando desplazamientos internos que aumentan los tiempos de traslado, el gasto en transporte y el riesgo de perder empleo por retrasos o ausencias. Esta movilidad forzada no solo reconfigura la vida familiar, sino que crea nuevas zonas de vulnerabilidad donde los migrantes quedan aislados de servicios, transporte público y organizaciones comunitarias.

En Nevada y Nueva York, el panorama es igualmente crítico. Las ciudades de Reno, Las Vegas, Nueva York y todo el corredor de Long Island acumulan casos alarmantes de endeudamiento para pagar renta, con trabajadores que destinan entre el 50% y el 70% de su salario mensual únicamente a vivienda. La imposibilidad de ahorrar crea una dependencia perpetua del salario diario y elimina cualquier margen de maniobra ante enfermedades, accidentes laborales o procesos migratorios.

La crisis habitacional, lejos de ser un problema doméstico estadounidense, tiene impactos transfronterizos: reduce la capacidad de los migrantes mexicanos para enviar remesas, limita su movilidad laboral y deteriora su estabilidad familiar, tanto en Estados Unidos como en México.

La combinación mortal: explotación laboral + crisis de vivienda

Cuando la precariedad laboral y la presión económica de la vivienda convergen, el resultado es un escenario estructuralmente desfavorable para los migrantes mexicanos. Esta doble crisis absorbe ingresos, tiempo y energía; obliga a aceptar condiciones laborales abusivas; y anula prácticamente cualquier intento de movilidad económica ascendente. Así las cosas....

Sígueme en mis redes sociales: https://www.facebook.com/daniel.lee.766372/

 
 
 

Comentarios


Entradas recientes
bottom of page