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Nuestros paisanos héroes de discurso, huérfanos en la realidad: Jaime Lucero #FuerzaMigrante

  • Foto del escritor: Cicuta Noticias
    Cicuta Noticias
  • hace 24 horas
  • 3 Min. de lectura

Por Daniel Lee Vargas

Ciudad de México, 8 Enero 2026.- Para millones de mexicanos que viven en Estados Unidos, 2025 no fue un año más: fue una pesadilla. No lo dice un académico desde la comodidad del escritorio, lo dice Don Jaime Lucero, migrante desde 1973, empresario hecho a pulso en Nueva York y hoy uno de los principales organizadores de la comunidad mexicana en el exterior @FuerzaMigrante. Su diagnóstico es claro y duele: nunca antes el miedo había calado tan hondo entre los nuestros.

La política migratoria impulsada por Donald Trump no solo endureció leyes y amenazas; activó una maquinaria de intimidación cotidiana. Redadas anunciadas, deportaciones masivas prometidas, discursos racistas amplificados por redes sociales. El resultado fue inmediato y devastador: familias enteras encerradas en sus casas, trabajadores que dejaron de ir al empleo por temor, niños que aprendieron demasiado pronto a tener miedo del uniforme y la patrulla. El objetivo se cumplió: infundir terror.

Pero el problema no termina en Washington. Del otro lado de la frontera, México volvió a fallarles a quienes sostienen buena parte de su economía. Los migrantes mexicanos enviaron en 2025 más de 64 mil millones de dólares en remesas, una cifra histórica. Son celebrados como héroes nacionales cada vez que conviene presumir ingresos, pero tratados con una indiferencia alarmante cuando piden protección real.

@JaimeLuceroC lo resume sin rodeos: el respaldo institucional no existe más allá del discurso. Se crearon diputaciones migrantes, se abrieron espacios en el Senado, en la Cámara de Diputados y en congresos locales.

Logros que tardaron décadas y que se arrancaron, incluso, a fuerza de demandas contra un Estado renuente. Sin embargo, una vez conquistados, esos espacios quedaron atrapados en la lógica partidista. Representación sin representación. Curules que sirven más a los partidos que a la comunidad migrante.

Mientras tanto, la política de protección consular sigue siendo claramente insuficiente. Para 2026, el presupuesto destinado a atención y asistencia consular apenas supera los 21 millones de pesos; la defensa jurídica de los mexicanos en el exterior ronda los 59 millones. Cantidades modestas si se comparan con la magnitud del problema y con los miles de millones de dólares que esa misma población envía cada año a México. La desproporción es ofensiva.

No se trata solo de dinero, sino de voluntad política. Falta una estrategia integral de defensa legal en Estados Unidos, falta acompañamiento psicológico y comunitario, falta presencia real del Estado mexicano cuando los migrantes enfrentan abusos laborales, detenciones arbitrarias o procesos de deportación. Falta, sobre todo, empatía convertida en acción.

Lucero lo dice con la autoridad de quien ha visto pasar gobiernos demócratas y republicanos, discursos amables y políticas duras. Para él, lo que distingue este momento no es solo la hostilidad abierta del gobierno estadounidense, sino el silencio cómodo —y a veces cómplice— de México. Solidaridad de palabra, abandono en los hechos.

El mensaje que se envía es peligroso: mientras las remesas lleguen, la crisis puede administrarse; mientras el migrante produzca dólares, su miedo puede ignorarse. Pero esa lógica tiene un costo humano inmenso. Normalizar el miedo, aceptar que comunidades enteras vivan escondidas, es aceptar una derrota moral.

México no puede seguir llamando héroes a quienes deja solos. La deuda con los migrantes no se salda con homenajes ni con escaños simbólicos, sino con políticas firmes, recursos suficientes y representantes que legislen pensando en la gente que cruzó la frontera, no en la siguiente elección.

Si 2025 fue una pesadilla, como dice Don Jaime Lucero, 2026 no puede ser el año de la resignación. Porque un país que abandona a quienes lo sostienen desde el exilio, termina por traicionarse a sí mismo.

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