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“Ni lo intentes”: el mensaje del miedo como política migratoria

  • Foto del escritor: Cicuta Noticias
    Cicuta Noticias
  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura

Por Daniel Lee Vargas

Ciudad de México 12 Enero 2026.- “Ni lo intentes”. Tres palabras bastaron para que la Embajada de Estados Unidos en México sintetizara una política migratoria que ya no se disfraza de legalidad, cooperación o derechos humanos, sino que se exhibe abiertamente como una estrategia de intimidación. El mensaje, difundido en redes sociales y acompañado de imágenes de un muro flotante instalado en el Río Bravo, no es una advertencia preventiva: es una amenaza institucional dirigida a personas en situación de vulnerabilidad extrema.

Que una representación diplomática utilice ese tono —imperativo, deshumanizante y punitivo— marca un punto de quiebre en la narrativa migratoria bilateral. No se trata solo de reforzar la frontera; se trata de construir el miedo como herramienta de disuasión, incluso a costa del derecho internacional, de la vida humana y de la relación histórica entre ambos países.

El llamado “muro flotante”, compuesto por grandes boyas anaranjadas y custodiado con vigilancia permanente, no es únicamente una barrera física. Es un símbolo político. Representa la continuidad —y radicalización— de la visión migratoria impulsada por Donald J. Trump, basada en la criminalización del migrante, el cierre de rutas y la externalización de costos humanos. El mensaje es claro: no importa si huyes de la violencia, la pobreza o la persecución; Estados Unidos ya no quiere verte, escucharte ni procesarte conforme a la ley.

Más grave aún es el uso del lenguaje. “Serás detenido y deportado. Ni lo intentes”. No hay mención al derecho de solicitar asilo, a evaluaciones individuales, ni al debido proceso. Todo se reduce a una lógica binaria: intentar cruzar equivale a ser castigado. Esta narrativa contradice abiertamente los compromisos internacionales de Estados Unidos en materia de refugio y protección humanitaria, y consolida una práctica que diversos organismos han señalado como violatoria de derechos humanos.

El componente simbólico del video tampoco es casual. La música “Down by the Riverside”, asociada históricamente a luchas por la libertad y los derechos civiles, es utilizada como fondo de una escena de exclusión. La ironía es brutal: una canción nacida del anhelo de paz acompaña imágenes de un muro diseñado para impedir el paso de personas desesperadas. Es una apropiación cultural que revela una profunda disonancia moral.

Las reacciones en redes sociales muestran un mundo cada vez más polarizado. Algunos celebran el endurecimiento fronterizo como una defensa de la soberanía; otros advierten que Estados Unidos se aísla y erosiona su liderazgo global. Pero hay una crítica que destaca por su contundencia: no se puede frenar la migración sin asumir la responsabilidad histórica y económica en las causas que la generan. Intervenciones políticas, tratados comerciales desiguales, expoliación de recursos y apoyo a regímenes corruptos han contribuido al empobrecimiento de muchas regiones expulsoras de migrantes. Levantar muros —de acero o de boyas— no borra esa realidad.

Para las familias mexicanas y centroamericanas, este mensaje tiene consecuencias reales. No es solo propaganda: es una señal de que el camino será más peligroso, más caro y más letal. Cuando se cierran rutas “oficiales”, se abren caminos clandestinos controlados por el crimen organizado. Cuando se refuerza el miedo, se multiplican las muertes invisibles. El muro flotante no detiene la migración; la empuja hacia la tragedia.

Estados Unidos tiene derecho a administrar su frontera, sí. Pero no tiene derecho a convertirla en un espacio de castigo colectivo ni a normalizar el desprecio por la vida humana. El problema migratorio no se resuelve con slogans intimidantes ni con espectáculos visuales pensados para redes sociales. Se resuelve con políticas integrales, cooperación regional y, sobre todo, con humanidad.

“Ni lo intentes” no es solo un mensaje para los migrantes. Es una declaración de principios. Y lo que hoy revela es un país que, frente a uno de los mayores desafíos humanitarios de nuestro tiempo, ha optado por cerrar el paso y endurecer el corazón. Así las cosas, hasta la próxima...

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