Más redadas que pavos, el Día de Acción de Gracias que duele cuando la migra toca la puerta
- Cicuta Noticias

- hace 1 día
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Por Daniel Lee Vargas
Ciudad de México, 28 de noviembre 2025.- Para los migrantes mexicanos, sí, nuestros paisanos, este jueves, Día de Acción de Gracias fue un espejo incómodo: reflejó todo lo que han construido, pero también todo lo que pueden perder en segundos.
Refleja también el sacrificio de vivir lejos de la familia, el miedo a las redadas, la pobreza que no se reconoce en los discursos políticos, la nostalgia explotada por un sistema migratorio que castiga, pero no reforma.
Sin embargo, refleja también la fortaleza de una comunidad que, aún bajo amenaza, se organiza para compartir arroz, frijoles y un plato caliente.
Por más de medio siglo, millones de mexicanos han hecho del Día de Acción de Gracias una tradición propia; el Thanksgiving se celebra el cuarto jueves de noviembre de cada año, y ayer fue una mezcla extraña entre nostalgia por lo que se dejó atrás y gratitud por lo que se ha logrado con sacrificio. Sin embargo, este 2025, esa mezcla se transformó en algo mucho más doloroso: la cena que antes simbolizaba refugio se volvió un recordatorio del miedo, la precariedad y la sensación de estar siempre a punto de perderlo todo.
Este año, en miles de hogares latinos, Acción de Gracias no tuvo olor a pavo; el sentimiento fue de tensión. No fue solo el precio del alimento o la imposibilidad de preparar la mesa tradicional. Fue el celular que vibró cada diez minutos con alertas de operativos migratorios, fue la silla vacía del familiar detenido, es la ventana cerrada, aunque haga calor, es el miedo que satura el aire.
Las redadas recientes lo confirman: el mapa se llenó de puntos rojos. En Charlotte, Carolina del Norte, la operación Charlotte’s Web dejó más de 250 arrestos solo en noviembre y paralizó colonias enteras. Negocios cerrados, niños sin ir a la escuela, trabajadores que dejaron de presentarse por temor a un retén. En ciudades como Baltimore, Chicago, Portland, Houston o Memphis, las oficinas adicionales que ICE renta para intensificar operativos son la prueba de un patrón: la persecución se normaliza, la vida cotidiana deja de ser cotidiana.
En Nueva York, reportes locales apuntan a una de las operaciones más amplias del año. Desde Seattle se advierte que las despensas comunitarias tienen excedentes porque “la gente ya no se atreve a salir ni por comida”. El miedo se impone, incluso sobre el hambre.
Aunque el presidente Donald Trump asegura que los precios de los alimentos bajaron, para millones de familias mexicanas esa estadística es un espejismo. Sí, el pavo cayó 16%, sí, algunas cadenas anuncian cenas completas por 55 dólares. Pero la realidad en los barrios latinos es otra: no hay bolsillo que soporte el costo del pavo cuando la renta sube, la luz se dispara y el temor corta cualquier intento de celebrar.
Carmen Avilés, mexicana en Homestead, lo explica desde su cocina donde solo caben tortillas, frijoles, huevos y un poco de pollo:
“Guardé la receta que mandó la escuela por respeto, pero en mi cabeza fue claro: este año no puedo. No voy a gastar lo que no tengo para un sólo día”.
En vez de un festín, cocinará lo que siempre salva: arroz, frijoles, pollo. Su resignación es la de miles.
Carlos Rodríguez, hondureño, pero vecino de Ana y parte de la misma comunidad latina trabajadora, resume la lógica brutal del 2025:
“El pavo no paga la renta si un día me quedo sin trabajo”.
Esa es la verdad silenciosa de Acción de Gracias este año.
La inseguridad alimentaria y miedo migratorio: dos crisis que se cruzan. En la mesa los datos lo confirman: según Feeding America, casi 17% de la población latina vive en inseguridad alimentaria. El Urban Institute advierte que los niveles de dependencia en bancos de alimentos no volverán al nivel previo a la pandemia. Pero las cifras no alcanzan a capturar lo esencial: la mezcla entre hambre y miedo.
¿De qué sirve un pavo más barato cuando un operativo puede dejar a una familia entera escondida detrás de las cortinas?
En los barrios de Houston, de Chicago y de Miami, directores de centros comunitarios hablan de lo mismo: filas más pequeñas, entregas discretas, convocatorias por chat privado. “No podemos hacer filas en la calle, no podemos delatar a nadie”, dice Rick Herrera, responsable de un centro de distribución de comida. Hasta la caridad opera bajo lógica clandestina.
Un Thanksgiving que sabe a injusticia
Hay quienes no llegaron a la mesa porque fueron detenidos. Otros, porque el miedo los agarra del cuello. Juan de Dios Rodríguez, mexicano en Carolina del Norte, perdió su trabajo por el cierre temporal de negocios latinos. Tiene dos familiares en detención. Ahora trabaja como jardinero “con miedo”, porque incluso los nacidos en Estados Unidos han sido detenidos “por parecer latinos”.
Es un sentimiento que corre en todas direcciones: vergüenza por no poder dar a los hijos la cena soñada, ansiedad por cada patrulla, frustración por un país que come pavo celebrando un mito de bienvenida mientras deporta a quienes sostienen su economía.
Como escribió la activista Sarah Jumping Eagle:
“Este país celebra una cena basada en el mito de la bienvenida a los inmigrantes, mientras expulsa a quienes mantienen su economía a flote”.
La herida emocional de los mexicanos en Estados Unidos
Este año Acción de Gracias no sabe a pavo.
Sabe a miedo, resistencia y dignidad, porque, incluso en la noche más amarga, México vive en cada mesa que se sostiene como puede, en cada ventana cerrada, en cada familia que sigue aquí a pesar de todo.
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