Incapacidad del director del IMSS

Jaime Flores Martínez
Lunes 12 de octubre del 2026.- El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) tiene un problema que ya no cabe debajo de la alfombra, ni en una conferencia mañanera, ni en una estadística maquillada con porcentajes de abasto.
Las protestas de trabajadores del IMSS durante los últimos días, deja al descubierto una realidad menos cómoda que los discursos oficiales.
Hospitales y clínicas con carencias de medicamentos e insumos, personal inconforme y una demanda salarial que amenaza con convertirse (de hecho, ya lo es) en un conflicto nacional.
Hasta el ciudadano menos informado percibe que el problema no es menor.
Otros ciudadanos saben que el IMSS atiende a más de 70 millones de derechohabientes, de acuerdo con información oficial del propio Instituto.
Su responsabilidad de servicio (al menos en el papel) alcanza a más de la mitad de la población mexicana.
Detrás de esa gigantesca estructura existe una plantilla de aproximadamente 511 mil trabajadores, una cifra que recientemente dio el propio director general Zoé Robledo.
Es una institución con decenas de millones de usuarios y más de medio millón de trabajadores.
Si semejante maquinaria no consigue garantizar medicamentos, material médico suficiente y condiciones laborales aceptables, alguien tendría que explicar dónde está el problema. Ese “alguien” debería ser el director Robledo.
Este señor dirige el IMSS desde mayo de 2019, es decir, lleva más de siete años en el cargo.
Robledo no llegó ayer, no heredó el desastre hace tres meses y tampoco puede alegar desconocimiento de la dimensión del organismo.
Entonces el problema son solamente que existan carencias sino el verdadero problema es que las carencias persisten después de siete años de conducción.
Durante los últimos días, trabajadores del Seguro Social realizaron movilizaciones en 12 estados y 20 puntos.
Las protestas alcanzaron calles, hospitales y centros de salud.
Quienes tomaron las calles reclaman mejores salarios, abasto de medicamentos, insumos, personal suficiente y cambios en la conducción sindical.
En la Ciudad de México, como ya es costumbre, las movilizaciones provocaron bloqueos en vialidades importantes.
Aunque habrá quien lo subestime, el asunto salarial tampoco es un invento de los opositores.
El incremento aprobado para los trabajadores del IMSS es de 6.8 por ciento, integrado por 2.9 por ciento al salario tabular y 3.9 por ciento en prestaciones.
Una parte de los trabajadores exige un aumento de 10 por ciento directo al salario.
Sin duda el asunto más delicado para la administración federal es el abasto.
Sin embargo, el director Zoé Robledo asegura que el IMSS mantiene un promedio de 94 por ciento de surtimiento y que diariamente se surten recetas a aproximadamente 769 mil personas. Será en su imaginación que — en este caso— debe compartirla con la presidenta.
El porcentaje aludido luce impecable sobre el papel, aunque el problema es que un seis por ciento de recetas no surtidas deja de ser una simple estadística.
Más claro: si un paciente necesita un antibiótico, un medicamento para cáncer, insulina, un tratamiento especializado o cualquier fármaco indispensable para conservar la vida, simplemente no hay.
La aritmética burocrática puede decir 94 por ciento, pero el enfermo dice: “No hay”.
La realidad arrolla a los pacientes desesperados en el momento que el propio personal médico denuncia falta de insumos.
Justo en ese momento la discusión deja —o debe dejar— de ser política y convertirse en un asunto de seguridad para los pacientes.
En Chiapas, tierra natal de Zoé Robledo, trabajadores recientemente denunciaron las carencias de medicamentos y de material, además de insuficiencia de personal.
Incluso existen testimonios de trabajadores que aseguran comprar materiales con su propio dinero para atender a los pacientes.
Eso, por sí solo, debería producir algo más que una conferencia de prensa. Debería producir vergüenza administrativa.










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