Chavista
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Cicuta
Jaime Flores Martínez
Chavista
Miércoles 8 de julio del 2026.- Albañil en México de la narrativa chavista de que “el dinero era pecado”, el expresidente Andrés Manuel López Obrador seguramente está condenado al averno.
¡El mismo demonio esconderá su cartera!
Y es que durante años AMLO se encargó de construir una narrativa donde el dinero siempre era pecado, eso sí, siempre en referencia a sus adversarios.
También eso sí, AMLO recorría el país impulsado “únicamente” por la voluntad popular y la cooperación de un pueblo bueno y agradecido.
Hoy, sin embargo, esa narrativa recibe un golpe desde donde más duele pues —desde la izquierda— le lanzan un dardo envenenado hasta su finca de Palenque.
Y no se trata un panista, de un priista, ni tampoco de un empresario resentido.
Se trata de Carlos Navarrete Ruiz, exsenador de la República, exdirigente nacional del PRD y uno de los hombres que convivió políticamente con López Obrador durante años.
En diversas entrevistas concedidas desde 2024, Navarrete aseguró que durante —aproximadamente— doce años se financió la estructura política de López Obrador mediante aportaciones obligatorias provenientes de funcionarios públicos perredistas.
Según su testimonio, alcaldes, diputados locales, diputados federales, senadores, gobernadores y jefes de gobierno entregaban mensualmente el equivalente al 10 por ciento de sus percepciones para sostener las giras nacionales del entonces dirigente opositor, léase AMLO.
La frase que estremeció a la opinión pública fue demoledora al decir que el dinero llegaba en maletas, porque en sobres amarillos no cabían los billetes.
Me consta porque fui partícipe, dijo Carlos Navarrete en la enésima entrevista.
Cicuta alude este tema porque no se trata de una declaración cualquiera pues
Navarrete Ruiz fue senador entre 2006 y 2012, diputado federal, presidente nacional del PRD entre 2014 y 2015 y uno de los principales operadores de la izquierda mexicana desde finales de los años noventa
En otras palabras, estas son declaraciones de alguien que estuvo en el círculo cercano.
En caso que sus dichos fueran ciertos, entonces estaríamos frente a un mecanismo permanente de financiamiento político que habría operado durante buena parte del periodo comprendido entre la salida de López Obrador de la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, el 29 de julio de 2005, y la consolidación de Morena como partido político nacional en 2014.
Ubicados en este escenario la pregunta resulta inevitable: ¿ese dinero fue reportado al entonces Instituto Federal Electoral?
¿Existían comprobantes?
¡Claro que no! ¿Pagaban impuestos? ¡Por supuesto que no! ¿Había contabilidad o simplemente circulaban maletas repletas de efectivo?
¡Son preguntas al aire!
Hasta ahora, Navarrete no ha presentado documentos públicos que acrediten esas afirmaciones, ni tampoco existe una resolución judicial que las confirme.
¡Ni existirá!
Sin embargo, no se trata de acusaciones provenientes de un adversario tradicional, sino de un exaliado que formaba el esquema.
Así pues, la paradoja es gigantesca pues el mismo movimiento que convirtió los llamados “sobres amarillos” en símbolo nacional de corrupción, hoy enfrenta el testimonio de uno de sus antiguos dirigentes quien afirma que los sobres eran insuficientes porque no cabía el efectivo y utilizaban maletas.
Habrá quien afirme que la ironía política difícilmente podría ser mayor porque si eso verdaderamente ocurrió, entonces el discurso de superioridad moral queda reducido a propaganda.
Si en verdad ocurrió y nadie investigó, el fracaso correspondería también a las instituciones electorales y de procuración de justicia que nunca siguieron el rastro del dinero.
Durante décadas, López Obrador denunció los excesos del viejo régimen, ahora son precisamente sus antiguos compañeros quienes describen prácticas que —de acreditarse—sería tanto como practicar lo que prometieron erradicar.
Finalmente, Cicuta recordará que fue el fallecido presidente venezolano Hugo Chávez quien dijo que el dinero era pecado y paradójicamente murió como pecador.
Positivo
Qué bueno que los mexicanos reconocen que la fiebre que despertó la Selección Mexicana de Futbol es efímera y que cada uno debe regresar a sus actividades habituales.
En este país es necesario retomar las acciones que nos permitan sobrevivir.
La esperanza duró hasta que se acabó. Los mexicanos estamos acostumbrados a reponernos y eso —por sí solo— es destacable.
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