Borrasca
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Cicuta
Jaime Flores Martínez
Borrasca
Viernes 19 de junio del 2026.- Evidentemente aterrado por la tormenta que se avecina, el secretario de Seguridad Ciudadana del país Omar García Harfuch ya se descartó como posible sucesor de Claudia Sheinbaum en la elección del 2030.
¡Su descarte pasó prácticamente desapercibido!
Y aunque algún despistado pudo argumentar que al desmarcarse de esa posibilidad, García Harfuch proyectó “prudencia política”, otros más punzantes opinan que debió hacer eso antes que le llegue el agua a los aparejos.
El pasado 28 de mayo durante una entrevista radiofónica, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana sorprendió a muchos al asegurar que “no se ve en la boleta” presidencial de 2030.
La declaración llamó poderosamente la atención porque proviene de uno de los funcionarios con mayores niveles de reconocimiento público dentro del gobierno de la presidenta Sheinbaum.
Quienes observan de cerca la política mexicana aseguran que existe una regla no escrita: nadie con posibilidades reales de competir por la Presidencia se descarta de manera categórica si no existe una razón de peso.
En otras palabras, quien aspira al más alto cargo del país suele dejar la puerta abierta y quien la cierra de golpe suele ser protagonista de información que no ha trascendido.
Habrá quien diga que Harfuch quizá en verdad pretende concentrarse en las tareas de seguridad y evitar distracciones electorales. También dirían que podría tratarse de un gesto de disciplina hacia Sheinbaum para no alimentar una sucesión prematura que apenas comenzaría a tomar forma.
Sin embargo, habrá que subrayar que “la política rara” muy pocas veces se mueve sobre explicaciones simples.
La popularidad de Harfuch no surgió por accidente pues su imagen se construyó alrededor de una narrativa de eficacia policial, combate al crimen y cercanía con los aparatos de inteligencia.
Sin duda esa percepción le permitió colocarse entre los funcionarios federales mejor evaluados y justo por ello resulta extraño que alguien con semejante capital político descarte una candidatura con tanta anticipación.
La otra hipótesis, mucho más incómoda, circula desde hace meses en diversos círculos políticos y mediáticos.
Algunos analistas sostienen que Harfuch habría recibido señales preocupantes desde Washington.
No existen pruebas públicas que demuestren que autoridades estadounidenses posean expedientes comprometedores en su contra, aunque tampoco existe evidencia verificable que confirme una ruptura entre el funcionario mexicano y las agencias de seguridad norteamericanas.
Aun así, la especulación persiste y la razón es simple:
La relación entre México y Estados Unidos en materia de seguridad atraviesa uno de sus momentos más delicados.
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca modificó prioridades, alianzas y mecanismos de cooperación. Washington endureció su discurso sobre el narcotráfico, los cárteles y la responsabilidad de las autoridades mexicanas.
Ubicados en ese contexto, cualquier figura política vinculada al combate al crimen organizado queda sometida a un escrutinio mucho más severo.
Si Harfuch percibió que su futuro político podría enfrentar obstáculos provenientes del exterior, su declaración del 28 de mayo adquiriría otra dimensión, pues no sería una renuncia voluntaria sino una retirada preventiva.
Aunque será tema para otro texto, habrá que referir que con el descarte de Harfuch, el partido MORENA enfrenta una paradoja, pues —ahora más que nunca— requiere perfiles competitivos para conservar el poder, pero también requiere figuras cuya lealtad al grupo gobernante resulte incuestionable.
Harfuch posee popularidad, aunque —habrá que remarcarlo— su origen político no pertenece al núcleo histórico del movimiento.
Positivo
Qué bueno que aquellos funcionarios de MORENA que aspiran a ser candidatos a la gubernatura de Baja California solicitaron esta semana una licencia para ausentarse de sus respectivos cargos.
Más allá de las reglas que impuso el partido guinda a los aspirantes, vale la pena señalar que —de esta forma— los ciudadanos tienen tiempo suficiente para observarlos.
Aunque MORENA, a pesar de sus incontables yerros, luce como invencible, los pre-candidatos necesitan convencer.
Si nos atenemos a esto último, su tarea se antoja harto difícil.
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