Baja California necesita un gobernador que no se venda

Por Dr. Juan Raúl Gil Frías
Tijuana, 7 de octubre de 2026.- Baja California está cansada.
Cansada de políticos que prometen cambiarlo todo y terminan administrando los mismos problemas. Cansada de la violencia, de las calles destrozadas, de los servicios deficientes y de una ciudadanía que muchas veces siente que el gobierno está demasiado lejos de sus problemas cotidianos.
Pero hay algo todavía más grave: la pérdida de confianza.
Cuando un ciudadano deja de creer que la autoridad puede protegerlo, impartir justicia y administrar honestamente sus impuestos, algo fundamental se rompe.
Y Tijuana lo está viviendo.
Por eso debemos dejar de preguntar primero qué partido quiere gobernar Baja California.
La pregunta verdadera es:
¿QUIÉN TIENE EL CARÁCTER PARA GOBERNARLA SIN VENDERSE?
Necesitamos un gobernador recto, honesto, estricto, firme e incorruptible.
No un bravucón.
No un autoritario.
No un político que confunda mano dura con abuso.
Queremos un gobernante que tenga la firmeza necesaria para aplicar la ley y, al mismo tiempo, el respeto absoluto por la Constitución y los derechos de los ciudadanos.
Pero sobre todo queremos algo que parece haberse vuelto excepcional en la política:
UN GOBERNADOR QUE NO TENGA PRECIO.
Que nadie pueda comprarlo.
Que nadie pueda chantajearlo.
Que ningún empresario pueda comprarle contratos.
Que ningún grupo criminal pueda comprarle protección.
Que ningún partido pueda exigirle silencio cuando se trate de defender a Baja California.
Y que tenga el valor de investigar incluso a quienes lo llevaron al poder.
NO QUEREMOS OTRO DUEÑO DEL ESTADO
Baja California no es patrimonio de ningún partido.
No pertenece a una familia política.
No pertenece a empresarios.
No pertenece a funcionarios.
Y mucho menos pertenece a grupos criminales.
Baja California pertenece a sus ciudadanos.
Por eso el próximo gobernador debería comenzar su gobierno con una declaración patrimonial completa, pública y verificable.
Que explique de dónde salió su patrimonio.
Que haga públicos sus intereses empresariales.
Que transparente los contratos de su gobierno.
Que permita revisar las licitaciones.
Que publique quién recibe el dinero público.
Y que acepte que la ciudadanía lo vigile durante todo su mandato.
LA SEGURIDAD NO SE NEGOCIA
Si existen funcionarios, policías, empresarios o políticos vinculados con actividades criminales, que se investiguen.
Si existen pruebas, que se proceda conforme a derecho.
Si existen funcionarios corruptos, que enfrenten las consecuencias.
No importa su partido.
No importa su apellido.
No importa cuánto dinero tengan.
No importa a quién conozcan.
La ley debe valer más que el poder.
Y la policía necesita recuperar algo fundamental: la confianza de la sociedad.
Policías profesionales, bien preparados y bien pagados, pero también vigilados.
Porque quien porta una placa tiene una enorme responsabilidad.
La ciudadanía necesita saber que quien debe protegerla no está trabajando para el delincuente.
Y HAY OTRA CONDICIÓN
El próximo gobernador debe amar a México.
Pero amar a México no consiste en ondear una bandera durante una ceremonia.
Amar a México significa respetar al ciudadano.
Significa no robarle.
Significa no permitir que sus impuestos desaparezcan.
Significa defender las instituciones.
Significa construir escuelas, hospitales, calles y seguridad.
Significa dejar un estado mejor del que recibió.
Quien ama a México no lo saquea.
Quien ama Baja California no la entrega.
EL CANDIDATO IDEAL
No necesitamos un mesías.
No necesitamos otro político profesional que cambie de discurso cada seis años.
Necesitamos un ciudadano con carácter.
Preparado.
Honesto.
Austero.
Estricto.
Inflexible frente a la corrupción.
Inflexible frente al crimen.
Respetuoso de la ley.
Y suficientemente independiente para decirle NO a sus propios amigos.
Ese debería ser el examen.
No cuánto dinero tiene para hacer campaña.
No cuántos espectaculares puede comprar.
No cuántos acarreados puede reunir.
Sino una pregunta mucho más sencilla:
¿USTED SE PUEDE NEGAR A SÍ MISMO LOS PRIVILEGIOS DEL PODER?
Porque Baja California no necesita otro gobernante que quiera servirse del Estado.
Necesita un servidor público dispuesto a servir al Estado.
Y si algún día aparece ese candidato, ciudadano, sin compromisos oscuros y con el valor suficiente para enfrentarse a quien tenga que enfrentarse, entonces quizá Baja California pueda volver a creer.
Mientras tanto, la exigencia debe ser clara:
NO QUEREMOS UN GOBERNADOR QUE TENGA DUEÑOS.
QUEREMOS UN GOBERNADOR QUE TENGA PRINCIPIOS.
Porque Baja California merece mucho más que políticos que aprendieron a gobernar.
Merece gobernantes que sepan servir.










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