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Temerario indulto de Harfuch a Rocha

  • hace 4 horas
  • 2 Min. de lectura

Jaime Flores Martínez

Martes 19 de mayo del 2026.- El problema de los “superpolicías” en México no es solamente que fallen, sino absolver políticamente a personajes cuya reputación pública está devastada.

Esto le ocurrió recientemente al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, quien salió públicamente a desmarcar de cualquier señalamiento al gobernador sinaloense Rubén Rocha Moya, sobre quien pesa una gravísima acusación del gobierno de Estados Unidos por sus presuntos vínculos con el narcotráfico.

Debido al insostenible nivel de deterioro político y social que arrastraba a principios de este mes, Rocha Moya solicitó licencia al cargo.

Sin embargo, lo ocurrido casi 2 semanas después, dejó a la sociedad con la boca abierta, pues apenas podía creerse que el secretario de Seguridad de México exculpara a Rocha.

La declaración ocurrió el pasado 13 de mayo durante la conferencia mañanera en Palacio Nacional en donde Harfuch aseguró que no existían elementos de investigación contra Rocha Moya relacionados con presuntos vínculos criminales. 

Con ello Harfuch le extendió a Rocha un certificado público de inocencia en momentos en que el tema comenzaba a escalar en medios nacionales e internacionales.

El detalle se hace más incómodo pues Harfuch no habló como fiscal, juez o ministerio público.

Omar García Harfuch habló como lo que es: secretario de Seguridad y es —justo ahí— donde inició el ruido político.

Al menos en México nadie ignora que Sinaloa atraviesa por uno de los momentos más violentos y oscuros de los últimos años.

Nadie desconoce las sospechas históricas que han perseguido al poder político sinaloense y menos puede fingirse sorpresa frente al nivel de penetración criminal en estructuras locales de gobierno.

Por eso el “indulto” verbal de Harfuch luce tan temerario.

Existen solamente dos explicaciones posibles para entender semejante movimiento político

La primera es la incapacidad, resultado de una incomprensible ignorancia política y estratégica.

Un secretario de Seguridad que decide meter las manos al fuego por un gobernador severamente cuestionado, sin medir consecuencias nacionales e internacionales.

Lo anterior implicaría que García Harfuch desconoce el tamaño del problema que representa Sinaloa para la seguridad mexicana y para la relación bilateral con Estados Unidos.

Tamaño escenario sería gravísimo, en especial para alguien como Harfuch que ha construido su imagen alrededor de la eficacia operativa y la inteligencia policial.

La segunda explicación sería todavía peor, pues evidenciaría complicidad política, es decir, que Harfuch no haya hablado desde la ingenuidad sino desde la instrucción.

Aquí quedaría claro que el mensaje buscaría blindar a Rocha Moya para que el costo no fuera tan alto para el oficialismo.

En otras palabras, la instrucción que habría recibido sería proteger una pieza clave del sistema, aunque el desgaste luzca monumental.

Aquí habría que precisar que cualquiera de los dos escenarios destruye en mito Harfuch.

Y es que durante años Omar García Harfuch fue vendido como el policía técnico, frío, eficaz y ajeno a las viejas mañas políticas.

Fue vendido como el funcionario que supuestamente representaba una nueva generación de seguridad pública.

Sin embargo, al exculpar públicamente a Rocha Moya sin una investigación judicial concluyente de por medio, García Harfuch abandonó el terreno técnico para entrar de lleno al lodazal político.

 
 
 

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