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Pagan mexicanos “impuestos de primer mundo”

  • Foto del escritor: Cicuta Noticias
    Cicuta Noticias
  • hace 12 minutos
  • 2 Min. de lectura

Jaime Flores Martínez

Lunes 26 de enero del 2026.-En México, lo injusto no es necesariamente pagar “altísimos impuestos” sino lo poco que se recibe a cambio.

!La ecuación fiscal está desequilibrada y nadie en el poder parece dispuesto a admitirlo!

Un trabajador formal entrega entre 30 y 35 por ciento de su ingreso al Estado si se suman ISR, IVA, cuotas obrero-patronales, IEPS y gravámenes locales.

No es una cifra menor pues esta entrega fiscal está a la altura de países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE). La diferencia es brutal: allá hay servicios públicos que funcionan. Aquí hay promesas, excusas y filas interminables.

El IVA castiga por igual al pobre que al rico. El Impuesto Sobre la Renta (ISR) exprime a una clase cautiva. El Impuesto Especial sobre Productos y Servicios (IEPS) convierte gasolina, alcohol y tabaco en lujos fiscales.

A eso se agregan derechos, licencias, refrendos y multas. El Estado mexicano cobra como potencia europea, pero entrega como país fallido.

Referente a la salud los hospitales están saturados, el desabasto es crónico en medicamentos y las citas médicas las pactan incluso en momentos que el paciente ya empeoró o murió. ¿Educación pública? Planteles deteriorados, maestros mal pagados y padres que pagan cuotas “voluntarias” para cubrir lo que el gobierno no cubre. ¿Seguridad? Más de 30 mil homicidios al año y ciudades enteras bajo control criminal. ¿Infraestructura? Carreteras rotas, transporte público indigno y obras faraónicas que no resuelven la vida cotidiana.

El desequilibrio es evidente: el ciudadano cumple y el Estado falla.

La base de contribuyentes tampoco crece.

Se repite el mismo patrón sexenio tras sexenio. De acuerdo con cifras oficiales, alrededor del 55 por ciento de la población ocupada trabaja en la informalidad. Más de la mitad de los trabajadores no paga ISR ni cuotas de seguridad social. No por gusto, sino por sobrevivencia. El resultado es perverso: siempre pagan los mismos.

Menos de 25 millones de contribuyentes sostienen a un país de más de 126 millones de habitantes. Esa minoría financia programas sociales, burocracias infladas, megaproyectos deficitarios y un aparato gubernamental que no rinde cuentas. El premio por cumplir es más carga fiscal y más fiscalización.

El SAT persigue al pequeño y mediano contribuyente con lupa quirúrgica. Al informal no lo toca. Al evasor grande lo negocia. Al ciudadano cumplido lo exprime.


Para la mayoría no hay duda que discurso oficial habla de justicia social pero el sistema fiscal castiga al que trabaja en regla y tolera al que vive fuera de ella.

No hay incentivo para formalizarse cuando el mensaje es claro: si entras, pagas; si sales, sobrevives.

México no tiene un problema de falta de impuestos. Tiene un problema de gasto ineficiente, servicios mediocres y una economía informal que el Estado prefiere no enfrentar. Cobrar más sin dar más no es política pública. Es abuso institucional.

El ciudadano ya entendió algo que el gobierno se niega a aceptar: paga demasiado para recibir demasiado poco. Lo que el gobierno debe entender que “esa factura”, tarde o temprano la tendrá que pagar. Ya los ciudadanos la cobran en desconfianza, evasión y hartazgo social.

 
 
 

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