La lista negra
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Jaime Flores Martínez
Jueves 13 de agosto del 2026.- Decidido a exhibir su amplísimo catálogo de enemigos, el gobierno federal parece dispuesto a advertirle a los mexicanos que su poder no tiene límite.
Y es que “la lista negra” de comunicadores presentada anoche por la consejera jurídica de la presidencia de la República, deja en claro que a Claudia Sheinbaum no le basta con ser dueña de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, sino que también quiere ser dueña de la verdad.
La señora alcalde exhibió ayer a los comunicadores que por todo critican al gobierno, aunque habrá que señalar que muchos de ellos se mofaron de aparecer en la relación de críticos al sistema, al subrayar que “es un honor”.
Luisa María Alcalde Luján, consejera jurídica del Ejecutivo federal, presentó anoche desde Palacio Nacional una lista de 54 comunicadores y medios que —según la versión oficial— forman parte de una red que difunde mensajes críticos contra el gobierno de Claudia Sheinbaum y contra la llamada Cuarta Transformación.
Esta exposición formó parte de la conferencia denominada “Derecho de Réplica”.
Aquellos observadores, califican de “curioso” que un gobierno que presume tolerancia, pluralidad y respeto a la libertad de expresión tenga ahora su propio catálogo de periodistas incómodos.
Debe entenderse que no es lo mismo que un ciudadano común, un partido político o un empresario publique una relación de personas con las que discrepa.
Es muy distinto si el aparato gubernamental coloca nombres de periodistas y medios bajo el reflector de la institución con mayor capacidad de difusión del país.
Habrá que precisar que el mensaje dado por la señora Alcalde puede no contener una amenaza explícita, pues no haría falta.
El poder tiene formas más sofisticadas de intimidar.
Y aquí aparece la ironía monumental pues hace apenas cinco años, Claudia Sheinbaum tenía otra opinión sobre “las listas”.
En octubre del 2021, en los momentos que era jefa de Gobierno de la Ciudad de México, reaccionó contra una propuesta de Claudio X González para identificar a quienes habían respaldado a la Cuarta Transformación.
En ese momento Sheinbaum afirmó que “hacer listas con amenazas implícitas” era una “característica del fascismo”. También evocó al macartismo y al nazismo como ejemplos de quienes elaboraban listas de adversarios.
La entonces jefa de Gobierno incluso escribió que en la 4T existía libertad de expresión y que no se encarcelaba a periodistas.
Cinco años después, el escenario ofrece una paradoja digna de museo político: aquellos que denunciaban las listas como una práctica fascista ahora tienen una lista propia.
La diferencia parece estar en quién sostiene la pluma.
Más claro; si la lista la confecciona la derecha, entonces es fascismo, pero si la elabora Morena se asume como “derecho de réplica”.
¡Qué maravilla de alquimia política!
La palabra cambia y el método permanece.
El problema no consiste en que el gobierno responda a periodistas pues tiene todo el derecho de defenderse ante una información falsa, una acusación incorrecta o una interpretación que considere equivocada.
La libertad de expresión también protege al gobierno frente a la crítica.
El problema aparece si el gobierno utiliza su enorme poder institucional para identificar públicamente a quienes considera “adversarios informativos”.
Sin duda el periodismo crítico no necesita permiso presidencial pero tampoco necesita simpatizar con ningún partido.
Su obligación consiste en preguntar, investigar, contrastar y —si corresponde— incluso incomodar.
El periodista que incomoda al poder cumple una función democrática pues está claro que el periodista que jamás incomoda al poder puede cumplir otra función, pero difícilmente la del periodismo.
La lista de Alcalde adquiere mayor gravedad por el contexto político actual pues Morena posee una mayoría dominante en el Congreso y el gobierno federal tiene una influencia política extraordinaria sobre las instituciones del Estado. Además, la reforma judicial modificó de manera radical la integración del Poder Judicial y colocó bajo control ciudadano-electoral la selección de buena parte de sus integrantes.
Por eso la acumulación de poder importa y no porque todo ejercicio del poder sea autoritario, sino porque todo poder sin contrapesos merece vigilancia.
La democracia no consiste en que el gobierno tenga buenas intenciones sino en que nadie tenga suficiente poder para convertir sus intenciones en órdenes incontestables.










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