Incómodo
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Cicuta
Jaime Flores Martínez
Incómodo
Viernes 10 de abril del 2026.- Convencido que deberá mantenerse concentrado para esquivar los obstáculos colocados por López Obrador, el actual secretario de Seguridad Ciudadana del país Omar García Harfuch sabe que “no será fácil” conseguir la candidatura presidencial morenista para los comicios del lejano 2030.
Y es que en política el problema no siempre es la debilidad, a veces es lo contrario: la incomodidad que provoca alguien con demasiada eficacia y demasiado visible.
Alguien podría decir que “demasiado ajeno al credo dominante”, léase AMLO.
Ese parece ser el caso de Omar García Harfuch rumbo al 2030.
Harfuch (como le dicen) carga con un activo que en cualquier democracia funcional sería una virtud, es decir, resultados en materia de seguridad y una imagen de operador técnico, sin contar con su capacidad física de seducción hacia el sexo opuesto.
Sin embargo, en “el ecosistema político” construido por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, el perfil de Harfuch no suma, sino estorba.
Es irrebatible que el obradorismo no premia tanto la eficacia como la lealtad narrativa y tampoco se puede rebatir que Harfuch no nació en esa liturgia.
Su gran pecado fue no ser del movimiento obradorista.
Harfuch representa justo lo que el obradorismo ha combatido en el discurso: cuadros formados en estructuras de seguridad previas, con vínculos institucionales que remiten a gobiernos anteriores.
García Harfuch es hijo del fallecido Javier García Paniagua, ex titular de la tristemente célebre Dirección Federal de Seguridad (DFS), nieto del General Marcelino García Barragán (secretario de la Defensa Nacional al registrarse la matanza de estudiantes del 68), sin contar que laboró en la desaparecida Policía Federal Preventiva (PFP) durante el sexenio del panista Felipe Calderón Hinojosa.
Ya en el presente, aunque haya servido en la administración de Claudia Sheinbaum a su paso por la jefatura de Gobierno capitalino, el ADN político de Harfuch deja saber que no es morenista puro. Eso pesa, aunque los puros son radicales.
Para López Obrador, el control de la sucesión no es un capricho, es un mecanismo de supervivencia política.
Su proyecto necesita continuidad ideológica, no eficiencia administrativa.
Harfuch ofrece lo segundo; el expresidente exige lo primero.
Dedazo
Si se mantiene la lógica actual, el candidato o candidata de Morena en 2030 saldrá de un círculo íntimo, disciplinado y probado en la fe obradorista. Nombres sobran: perfiles ideológicamente alineados, con trayectoria dentro del movimiento, sin aristas incómodas.
La pregunta no es quién tiene más méritos técnicos, sino quién garantiza obediencia política. Bajo esa regla, Harfuch compite en desventaja.
¿La ruta alterna? El tabú de la traición
Aquí aparece el escenario que inquieta a Morena: ¿Harfuch como candidato de otro partido? ¡No es descabellado!
En México, las lealtades políticas son más líquidas de lo que se presume en tribuna.
Si Harfuch aceptara una candidatura opositora, su perfil podría resultar devastador para el oficialismo. ¿Por qué? Porque rompería el monopolio narrativo de Morena en seguridad.
No sería un opositor tradicional.
Tampoco sería un panista doctrinario ni un priista reciclado sino un operador con credenciales recientes en el propio gobierno y eso lo convierte en un misil político.
Hay quien se pregunta si Harfuch si acaso ganaría si representara a otro partido.
Eso, dependería de tres variables que en este caso serían la fragmentación opositora, es decir, si la oposición repite su desorden crónico. En ese escenario Harfuch se diluye.
Otra sería el desgaste de Morena: Si el gobierno en turno llega erosionado (si sigue como va) Harfuch capitalizaría el hartazgo y —finalmente— su narrativa personal, es decir, necesitaría dejar de ser policía y convertirse en político.
No basta con resultados pues debe construir identidad.
Si esas condiciones se alinean, entonces Harfuch tendría posibilidades reales de competir, incluso de ganar.
Habrá que subrayar que en todo esto habría un costo para Morena
Se registraría un choque interno con Harfuch que no sería gratuito.
Morena ha construido su hegemonía sobre la idea de “unidad moral”.
Una ruptura visible exhibiría lo contrario: ambición, facciones, exclusión.
Peor aún, abriría una grieta en su electorado urbano y de clase media donde Harfuch tiene mejor aceptación que muchos cuadros ideológicos.
Morena podría retener el poder, sí aunque ya no con la misma facilidad ni con la misma narrativa de inevitabilidad.
Dilema
Resulta innegable que López Obrador enfrenta una disyuntiva silenciosa: permitir la competencia interna con riesgo de fractura o imponer disciplina con costo electoral.
En ambos casos, Harfuch es problema porque no encaja, lo cual significa “casi un delito político”.
Trump
Estruendosas carcajadas generaron el pasado martes la declaración de Donald Trump al posponer “dos semanas” la eliminación total de Irán.
Dos días antes, el señor Trump advirtió que la noche del martes aniquilaría a Irán, aunque —afortunadamente— otra vez cambió de opinión.
Desde luego que el mundo respira, aunque Trump parece no darse cuenta que se ha convertido en el “hazme reír” de sus detractores.
Habrá quien lo compare con la Chimoltrufia por aquello de “como digo una cosa, digo otra”.
Positivo
Qué bueno que la obra pública ha mejorado sustancialmente en los últimos años en Baja California.
Al de fortalecer el nivel de vida de los habitantes de la entidad, es importante señalar que al finalizar esta administración los recursos invertidos en ese rubro superarán los 50 mil millones de pesos.
Según lo afirmó el martes la gobernadora Marina del Pilar, ese monto corresponde a recursos inyectados por el Estado, es decir, al margen de la obra realizada por el gobierno federal.
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