Hechizados
- hace 5 días
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Cicuta
Jaime Flores Martínez
Hechizados
Miércoles 10 de junio del 2026.- Hipnotizados por el Mundial de Futbol que arranca mañana, una buena parte de los habitantes del planeta se integrarán a la más poderosa máquina emocional y —quizá sin saberlo— esos mortales contribuirán a la estrategia de monetización más importante del planeta.
¡invertirán su dinerito para hacer más ricos a los ricos!
Y es que los aficionados al futbol, el deporte calificado como “el más popular del mundo”, gritarán eufóricos o derramarán lágrimas según el resultado del partido más reciente.
En el caso específico de los mexicanos, las presiones económicas y el inacabable esfuerzo, requieren urgentes espacios de entretenimiento y el futbol es lo ideal.
Mañana arrancará la Copa Mundial de Futbol y —durante un mes—, buena parte del planeta quedará hipnotizada.
Millones de personas modificarán horarios, pospondrán compromisos, discutirán con familiares, pelearán en redes sociales y sufrirán auténticas crisis emocionales por el resultado de un partido disputado a miles de kilómetros de distancia.
No existe otro fenómeno social que pueda comparársele.
El futbol suele presentarse como una celebración deportiva, una fiesta de los pueblos y una expresión de identidad nacional.
Sin embargo, la realidad resulta mucho menos poética, pues el futbol moderno es una de las máquinas de captura emocional más eficientes que ha construido la humanidad y —al mismo tiempo— es una de las estrategias de monetización más exitosas del planeta.
Cicuta penetrará en la herida: la Copa Mundial no se organiza para satisfacer la pasión de los aficionados, sino para generar dinero, muchísimo dinero.
La Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) obtuvo ingresos (en el último mundial) superiores a los 7 mil 500 millones de dólares. Esto en el Mundial de Qatar 2022.
Para esta copa, las estimaciones son de más de 10 mil millones de dólares, derivados de derechos televisivos, patrocinios globales, licencias comerciales, venta de boletos y plataformas digitales, entre otros.
Habrá que subrayar que los “ganones” del torneo no son precisamente las selecciones nacionales de los países participantes, sino las corporaciones promoventes.
Las grandes cadenas de televisión venden publicidad a precios estratosféricos y las marcas deportivas multiplican ventas.
Paralelamente las empresas de apuestas capturan millones de nuevos clientes, mientras las aerolíneas retacan sus vuelos.
Subrepticiamente los hoteles elevan tarifas y las plataformas digitales explotan cada segundo de atención disponible.
Bien puede afirmarse que la emoción tiene precio y la pasión también.
Aquí entra algo irrebatible: el aficionado es la materia prima indispensable.
A todos parece normal que el aficionado compre camisetas cuyo costo de producción representa apenas una fracción del precio que paga.
También contrata servicios de televisión, adquiere suscripciones, consume productos patrocinados, viaja, compra recuerdos, invierte su tiempo, entrega atención a las repeticiones y a los resúmenes.
Después entrega algo todavía más valioso: sus emociones.
Llora por personas que no conoce y sufre por jugadores que ni siquiera imaginan su existencia.
También discute con desconocidos e incluso rompe con amistades.
El aficionado convierte victorias ajenas en triunfos personales y derrotas ajenas en tragedias íntimas.
Y, mientras tanto, los protagonistas del negocio continúan con la millonaria facturación.
Positivo
Qué bueno que la mayoría de los mexicanos están felices porque inicia el Mundial de futbol.
A la mayoría no le importa la situación económica y los índices de violencia.
Los mexicanos están ávidos de buenos momentos.
Esto, sin embargo, lo aprovechará el gobierno.
Será el sereno, pero muchos mexicanos esperan la coyuntura para celebrar y hay que aprovecharlo.
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