De meserita a gobernadora de Sinaloa
- 4 may
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Redacción
Lunes 4 de mayo del 2026.-En el mexicano Estado de Sinaloa pasan cosas que —en cualquier país democrático— mínimamente generarían rubor institucional.
En cambio, pareciera que —desde el arribo del partido MORENA al poder— la sociedad mexicana comenzó a normalizar los ascensos meteóricos e injustificables.
Apenas el pasado sábado el Congreso de Sinaloa nombró a Yeraldine Bonilla Valverde como gobernadora interina tras la licencia solicitada por Rubén Rocha Moya, quien decidió apartarse “temporalmente” del cargo mientras enfrenta una tormenta política y judicial. Rocha Moya deberá enfrentar los señalamientos de Estados Unidos por presuntos vínculos con el crimen organizado.
La escena que los mexicanos tenemos enfrente resulta brutal por su simbolismo: mientras Rocha intenta contener el incendio que amenaza con consumir su legado político, la visión generalizada es que este hombre deja al Estado de Sinaloa en manos de una funcionaria cuyo ascenso ha sido tan rápido como polémico.
Destaca que el dato más incómodo para MORENA no provino de la oposición, sino del propio Rocha Moya.
El 5 de abril de 2025, durante un acto público en Culiacán relacionado con la colocación de la primera piedra del malecón “margen izquierda”, el entonces gobernador decidió narrar —con una mezcla de torpeza, clasismo y una sorprendente falta de filtro político— el origen de Yeraldine Bonilla.
Frente al micrófono soltó una frase que terminó por perseguirlo:
En ese momento Rocha refirió quien era Yeraldine antes de ser diputada.
Allí dijo que “era una meserita de una lonchería de Dimas”.
La declaración no quedó ahí. El entonces gobernador también reconoció públicamente que Bonilla llegó al Congreso gracias al sistema de insaculación interna de Morena, mejor conocido como la famosa “tómbola”.
Sobra referir que la frase cayó como bomba y no precisamente por el hecho de haber trabajado en una lonchería —actividad absolutamente digna— sino por el tono condescendiente utilizado.
Hasta pareció presumir que él había “descubierto” políticamente a alguien sin trayectoria visible en las élites tradicionales.
El mensaje implícito fue demoledor: en MORENA no necesariamente asciende de nivel quien acredita experiencia, resultados o formación política.
Y es que, en términos llanos, muchas veces prospera quien aparece en el momento adecuado frente al padrino correcto.
Bonilla, la meserita de lonchería, es licenciada en Trabajo Social por la Universidad Autónoma de Sinaloa y su irrupción en la política estatal ocurrió en 2018 al obtener una candidatura por Morena mediante insaculación. Después llegó al Congreso local donde presidió la Mesa Directiva y más tarde aterrizó en la Secretaría General de Gobierno.
Desde allí se convirtió en una de las operadoras más cercanas a Rocha.
Su trayectoria evidencia dos lecturas.
La primera es que representa una historia de movilidad social que pudo convertirse en ejemplo de superación.
Y la segunda es que exhibe con crudeza cómo opera el sistema de lealtades dentro del morenismo sinaloense.
Allí como en la mayoría del país, la cercanía al poder puede acelerar carreras políticas a velocidades vertiginosas.
Hoy la señora Bonilla (de 33 años) despacha desde el tercer piso del Palacio de Gobierno mientras Rocha Moya intentara sobrevivir políticamente ante las acusaciones que lo persiguen desde Washington.










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